CCCB LAB http://lab.cccb.org/es Investigación e innovación en cultura Tue, 06 Jun 2017 12:33:15 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.7.3 Recetario de ecoedición: el continente también importa http://lab.cccb.org/recetario-de-ecoedicion-el-continente-tambien-importa/ http://lab.cccb.org/recetario-de-ecoedicion-el-continente-tambien-importa/#respond Tue, 06 Jun 2017 08:55:18 +0000 http://lab.cccb.org/?p=15839/ La ecoedición es una forma de gestionar las publicaciones según principios de sostenibilidad. ¿Es posible hacer un libro con criterios que respeten el medio ambiente? La editorial cooperativa Pol·len propone una serie de recomendaciones basadas en su experiencia, marcada por el aprendizaje de la imprenta verde El Tinter. Estas incluyen la valoración de la necesidad […]

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Dos homes enquadernant llibres, 1943

Dos homes enquadernant llibres, 1943 | State Library of New South Wales | Domini públic

La ecoedición es una forma de gestionar las publicaciones según principios de sostenibilidad. ¿Es posible hacer un libro con criterios que respeten el medio ambiente? La editorial cooperativa Pol·len propone una serie de recomendaciones basadas en su experiencia, marcada por el aprendizaje de la imprenta verde El Tinter. Estas incluyen la valoración de la necesidad de publicar, la concepción del producto en clave de filosofía residuo cero, los criterios para elegir formato, papel y tinta y la comunicación del impacto ambiental.

Publicar o hacer pública una obra es una decisión que emana de una vocación de explicar, de comunicar, de participar, de hacerse ver e incluso de cultivar un ego (propio o de un colectivo). Ahora bien, si se decide dar el paso de publicar aquella obra en papel (he aquí que aparece el continente, lo que contiene), debería partirse de una investigación previa del uso del producto final, de su durabilidad, de su público objetivo y tantos otros «por qué» que hay que poner encima de la mesa. Dejemos los continentes digitales para otra ocasión, ahora adentrémonos en la celulosa.

La primera decisión

Publicar o no publicar, esta es la cuestión. En el marco del taller de ecoedición que el equipo de Pol·len impartimos en el Bookcamp Kosmopolis 2017, el activista ecologista Jordi Bigues recordó una propuesta que a nivel interno se está haciendo en el Ayuntamiento de Barcelona para controlar el stock y la producción de publicaciones. Se ha decidido prescindir de los prólogos institucionales cuando no son relevantes, una medida revolucionaria si se tienen en cuenta las toneladas de papel que «se tiran» en prolegómenos que cada año tienen la misma forma y color.

La expresión ecoedición nace a raíz del impulso, en 2008, de entidades, empresas y personas expertas para difundir un concepto que impregna toda la cadena de valor del libro. Ecoeditar es una forma de gestionar las publicaciones que pretende minimizar los impactos ambientales que se producen en la publicación de libros y revistas. Con el empuje de este grupo, en 2009 se inicia un proyecto europeo que concreta la investigación, el Greening Books, formado por el Centro Tecnológico Leitat, la empresa de software Simple y la imprenta El Tinter.

Uno de los ejes de aquella investigación fue el análisis de ciclo de vida (ACV), una técnica para evaluar los impactos ambientales asociados a todas las etapas de la vida de un producto, en este caso el libro. Por ejemplo, durante el proyecto se constató que, si bien un 49,4% de la huella de carbono se iba en materias primas (papel, principalmente), y a pesar de que la distribución también desempeñaba un papel relevante, el diseño, el 9,6%, también era relevante.

Huella de carbono de un libro

La concepción, el hecho de cómo pensar los productos desde su origen, es una de las claves de la denominada economía circular y de la filosofía residuo cero, para las que los productos deben ser diseñados para tener un impacto ambiental positivo cuando sean reintroducidos en el ciclo productivo.

Hay otros elementos, decisiones políticas tomadas en el momento de pensar el contenido y el continente, que también tienen impacto. Una muy importante es la tirada del libro. Según datos de 2015 de Comercio Interior del Libro, la tasa de devoluciones de stocks de libros a las editoriales fue del 30,1% (partiendo de las cifras de facturación y devolución). Las pequeñas editoriales tienen una tasa menor (22%), con tendencia a la baja. A menudo, el destino de estos stocks es su destrucción. ¿No sería más efectivo ajustar las tiradas con precisión? Pensaréis que no se puede predecir cuántos libros se venden de un título, pero sí se pueden explorar soluciones imaginativas: comenzar con una tirada más reducida, impresa con offset, y luego imprimir bajo demanda, por ejemplo (con impresión digital).

Otra decisión relevante es la elección de licencias: el uso de las licencias Creative Commons, menos restrictivas, y otras licencias abiertas permitirá aumentar la vida de un libro, ya que ese contenido no morirá una vez agotado el millar de ejemplares de tirada de una supuesta primera edición.

Publicar un libro a través de un micromecenazgo es también una forma de abrir la participación en la fase de pensar el contenido y el continente. La tirada ponderada, es decir, el estudio de cuántos ejemplares se publicarán de aquel libro en un momento determinado, es posible gracias al primer análisis que se realiza en un micromecenazgo, aparte de asegurar una difusión de ese libro antes de que salga publicado.

Si publico, ¿cómo lo hago? Profundizando en el papel y las tintas

Reducir el impacto de una publicación pasa por minimizar la huella de carbono, reducir las materias primas, la energía, el agua y los residuos que genera todo el proceso de concepción, producción y final de vida. Por ello, una lectura simplista llevaría a concluir que cambiando las tintas y el papel ya basta. Por el contrario, si bien es clave tomar decisiones en este ámbito, la medida principal se tomará en el momento de pensar y diseñar el producto. Esto no debe traducirse en cambios forzados, sino en cambios consensuados y con visión a largo plazo: en Pol·len en un inicio diseñábamos con márgenes de 1,5 cm (en lugar de 2,5), lo que nos permitía ahorrar una de cada seis páginas. Al final, hemos tendido a ampliarlos, porque nuestra decisión no satisfacía a las personas lectoras.

La elección del formato y del papel es básica en nuestro recetario. El manual práctico de Ihobe, la sociedad pública de gestión ambiental del Gobierno vasco, establece siete pasos para la implantación de la ecoedición. Por ejemplo, hay que propiciar el uso de formatos de papel estándares reconocidos internacionalmente, de papel con etiqueta y distintivos ecológicos, reciclados (offset reciclado, estucado reciclado o papeles mixtos y de calidad) y, si finalmente no optamos por reciclados, entonces el papel debe ser de fibras vírgenes de bosques gestionados sensiblemente. El distintivo Forest Stewardship Council (FSC) certifica que aquellos papeles no provienen de talas ilegales de bosques, por ejemplo.

En la fase de impresión, es bueno usar máquinas que se ajusten al tamaño del papel y con el formato del libro, lo que implica tener una imprenta de referencia que pueda trabajar con los formatos que elija. Por último, las tintas hechas con aceites vegetales son más recomendables porque tienen un menor impacto; a la hora de pensar el diseño, es mejor concebir diseños poco oscuros (no al 100%, sino al 75% o al 50%).

Qué es y para qué sirve el sello FSC | FSC España

Menos impactos y menos costes, ¿es posible?

¿Es más caro hacerlo bien? La ecoeficiencia es el grado en que se alcanza una relación óptima entre los recursos utilizados en la gestión de un servicio y los resultados obtenidos. Pensar antes de publicar un libro, estudiar su alcance y utilidad es ecoeficiencia y permite evitar no solo los errores coyunturales, sino también los ambientales y los estructurales.

Elegir el formato, el tipo de papel, la composición de las tintas es ecoeficiencia, sin embargo, no lo olvidemos, también es prestigio, es imagen. Si bien al principio los papeles certificados tenían un añadido de coste económico a raíz de que las empresas le cargaban el coste de las auditorías certificadoras, ahora eso ya no ocurre en casi ningún caso. La certificación se ha convertido en una demanda para la excelencia y, si se aplica estratégicamente, permite, además, una reducción del gasto global de la empresa.

Si aún no os habéis convencido, saltemos a una analogía alimentaria. ¿Es más caro comer eco? ¿Cambiar nuestra dieta convencional hacia unos productos más ecológicos resulta más caro? No necesariamente. Si el consumo de estos productos supone repensar cómo compramos y cómo cocinamos, el ahorro está asegurado. La autora Bea Johnson, artífice internacional del residuo cero en el ámbito doméstico, lo demuestra en cifras que ha extraído del cambio radical en su propia economía familiar. No olvidemos, tampoco, que cambiar nuestra dieta no solo representa una mejora en salud a escala micro, sino que a escala estructural contribuye a la justicia ecológica y social.

El diálogo con las personas lectoras: comunicar el impacto ambiental

Un elemento muy importante de la ecoedición es la comunicación del impacto ambiental de la publicación. En todos los libros de Pol·len incluimos una mochila ecológica, Bookdaper.cat –fruto del proyecto Greening Books–, una declaración ambiental de producto simplificada que da información de los impactos en huella de carbono, en materias primas, energía, agua y residuos de todo el proceso de edición del libro. En esta mochila también se incluyen los ahorros logrados a partir de la adopción de buenas prácticas. En esta misma declaración es útil visibilizar los sellos que tengan los papeles u otras materias primas y evidenciar si nuestros proveedores son empresas que tienen un sistema de gestión ambiental.

Las opciones de comunicarse con las personas lectoras son múltiples: se puede incluir, por ejemplo, una referencia dentro del libro sobre qué hacer una vez se haya leído: incluirlo en una red bookcrossing, llevarlo a una librería de segunda mano… y tantas otras vías de continuar la vida de aquel contenido-continente.

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De BTV a Betevé. La televisión imprevisible http://lab.cccb.org/es/de-btv-a-beteve-la-television-imprevisible/ http://lab.cccb.org/es/de-btv-a-beteve-la-television-imprevisible/#respond Tue, 30 May 2017 07:37:10 +0000 http://lab.cccb.org/?p=15812/ La televisión como medio ya es historia y los modelos de televisión pública que tenemos en nuestro territorio hace tiempo que se muestran agotados e ineficaces. Así que a la televisión local de Barcelona no le quedaba otra opción que repensarse a fondo y buscar un cambio cualitativo, tanto en la mirada como en la […]

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Grabación de un programa de televisión en el estudio Frenckell en Tampere. Finlandia, 1965

Grabación de un programa de televisión en el estudio Frenckell en Tampere. Finlandia, 1965 | Yle Archives | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

La televisión como medio ya es historia y los modelos de televisión pública que tenemos en nuestro territorio hace tiempo que se muestran agotados e ineficaces. Así que a la televisión local de Barcelona no le quedaba otra opción que repensarse a fondo y buscar un cambio cualitativo, tanto en la mirada como en la creación de formatos, lenguaje y utilización de la tecnología. Betevé estrena logo, imagen y filosofía, y parece querer conectar con aquella otra BTV que supuso un modelo altamente creativo e innovador, reconocido y aplaudido en diversos artículos y estudios y sobre el que hay un proyecto de documental en marcha.

La historia de Betevé se remonta a 1984, como televisión de distrito. Pero no fue hasta septiembre de 1997 cuando dan comienzo las emisiones del nuevo canal, impulsado en su día por el alcalde Maragall y dirigido por Manuel Huerga, ya consolidado como cineasta, director de las ceremonias de los Juegos Olímpicos del 92 y creador de programas de culto, como Estoc de Pop (1983-1985) o Arsenal (1985-1987). Huerga monta un equipo sólido y entusiasta, formado por algunos trabajadores estables, en general muy jóvenes, y por un buen número de colaboradores de formación variopinta e insospechada. BTV se convierte enseguida en una televisión de espíritu participativo y bastante accesible, en la que se respiraba un entusiasmo contagioso y que parecía tener la capacidad de tomar el pulso real de la ciudad.

Andrés Hispano, realizador, pintor y ensayista, una de las piezas clave de aquel proyecto, recuerda cómo, a pesar del modesto presupuesto, se logró dar la vuelta a muchos esquemas. «En lo técnico, fue la primera televisión digital y de infantería (muchos realizadores, asalariados o autónomos, regulares o de una sola colaboración, profesionales, estudiantes y diletantes de campos diversos: el cine, la videodanza, el teatro, guionistas… O gente con algo que contar, simplemente). Con esa política de puertas abiertas, confiando programas a gente casi desconocida, hay que decir que fueron pocos los proyectos fiasco y muchos los descubrimientos y la creación de equipos de trabajo que, me consta, aún siguen hoy en contacto. Eso es participar en la creación de una generación profesional dentro de tus coordenadas».

El hecho de tener Barcelona como gran marco referencial era otro hecho diferencial importante. Y poco a poco, rememora Andrés, se entendió que era esencial generar un archivo audiovisual de la ciudad. «Reunir el cine rodado aquí, referir nuestros artistas, artesanos, leyendas, músicos, escritores, rincones secretos y garitos de moda. Era una tele con muy poca actividad en el plató, se grababa en la calle. Hoy es justo al revés, todo es plató y se clonan formatos de televisión generalista, abordando temas y personajes cercanos, pero desde una formalidad que no promete ninguna sorpresa. Y esa era la otra gran baza de BTV: que las sorpresas, de un tipo y otro, eran constantes, algunas incorrectas, otras experimentales, aburridas, tronchantes y, bastantes, inolvidables: el programa dedicado a Brossa tras su muerte, rincones de Barcelona perseguidos a lo largo de un año, las charlas diarias de Flavià, los informativos en varias lenguas, programas desde dentro de casas okupas y un sinfín de entrevistas en profundidad a personajes que componen un archivo, todavía hoy, muy consultado».

¿Qué era BTV? | 1998

«Éramos los más pequeños y quisimos marcar la diferencia desde el principio. Queríamos ser singulares, radicalmente distintos», asegura Huerga. Y esa diferencia se llevó también a la parrilla, que buscaba una relación distinta con el espectador. El grueso de la programación estaba formado por piezas muy cortas, de entre dos y cinco minutos, que llamábamos cápsulas y que podían tratar todo tipo de temas, siempre con un gran peso cultural y de ciudad. Y a partir de las diez, el ritmo se apaciguaba y las «noches temáticas» permitían el tratamiento en profundidad de cuestiones diversas, muchas veces en forma de documental de producción propia.

Andrés prosigue: «En aquella BTV algunas áreas de programación trabajaban sin comisarios de ningún tipo y las fricciones con el Ayuntamiento fueron habituales, por expresar opiniones o mostrar puntos de vista “incovenientes” o divergentes. No obstante, no recuerdo actos de censura ni represión a destacar. Creo que Huerga hizo de rompeolas en muchas ocasiones, no dejando que nos llegasen esas presiones, que seguro las hubo aunque seguramente más dirigidas a informativos, ni tampoco las fatídicas listas de audiencias… Competíamos contra nuestra propia ambición, según los medios permitiesen. Los medios y las juergas, porque esa era una tele con un centenar casi de personas que arrojaban una media de 23 años, creo recordar, y eso deja espacio para mucho despiste. O aprendizaje, según se mire».

Entre juerga y juerga, en Via Laietana 48 también hubo espacio para la innovación tecnológica y la narrativa transmedia, antes de que el propio término existiera. Desde los videomatones (cualquier ciudadano podía grabar su mensaje a cambio de una moneda), hasta la emisión del primer chat en directo, en un momento en que internet apenas estaba echando a andar, o Moebius, la carta de ajuste, donde la pantalla se llenaba de imágenes (peces, pompas de jabón, preservativos, una hoguera…) con una música relajante, «una forma perversa y sibilina de contraprogramar los productos de madrugada de otras cadenas», explica Huerga.

La revisión del archivo de aquella BTV probablemente arroje la fotografía de una ciudad efervescente que todavía desarrollaba estrategias de renovación, revitalización y reequilibrio urbano, en busca del luego tan desgastado modelo Barcelona.

Cambio de marca | betevé

«La etapa Huerga se anticipó a muchos de los cambios que al final se acabaron produciendo. Huerga entendió que internet sería disruptivo y enseguida lo incorporó, en un momento en que la prensa tradicional no estaba atenta a este asunto porque no veía negocio», afirma Sergi Vicente, el actual director de Betevé, que cogió el relevo de Àngel Casas en 2015 y que está llevando a cabo una nueva transición digital. «Con el enfoque transmedia se multiplican las oportunidades para llegar al usuario, la diversidad de plataformas pretende fomentar la interacción y conquistar a un público más amplio».

Algo del espíritu de la etapa inicial se respira en esta nueva época, que ha apostado por reformularse a través de un cambio de imagen, de nombre (en el que desaparece el concepto «televisión»), de filosofía y de formatos, y con una apuesta decidida y firme por la cultura, la ciencia, la tecnología y lo social. Una nueva imagen, a cargo de Folch Studio, que pretende impulsar un mensaje más creíble y reorientar la mirada sobre la ciudad, apostando por una proximidad más emocional que geográfica.

Ahora falta ver si esta nueva apuesta conseguirá tener la incidencia que consiguió aquella etapa presidida por un ojo, obra del diseñador Peret, que todo lo observaba. Ya que, como dice el propio Huerga en un deje de nostalgia: «BTV era más que una escuela, era una Factory, en el sentido más underground y más pop del término. Y eso ya no volverá. Hemos tenido suerte de vivirlo».

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La caminata: laboratorio del pensamiento http://lab.cccb.org/es/la-caminata-laboratorio-del-pensamiento/ http://lab.cccb.org/es/la-caminata-laboratorio-del-pensamiento/#respond Tue, 23 May 2017 07:31:08 +0000 http://lab.cccb.org/?p=15789/ Caminar estimula la creatividad y el pensamiento. Aunque el mito del momento eureka por antonomasia, la manzana sobre la cabeza de Newton, sea estático, lo más probable es que la lenta sedimentación de reflexiones e ideas que conduce a la idea definitiva tuviera lugar en la mente del científico, parlamentario, inventor y alquimista inglés, hijo […]

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Dos hombres caminando hacia Los Ángeles, 1937

Dos hombres caminando hacia Los Ángeles, 1937 | Dorothea Lange, Library of Congress | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Caminar estimula la creatividad y el pensamiento. Aunque el mito del momento eureka por antonomasia, la manzana sobre la cabeza de Newton, sea estático, lo más probable es que la lenta sedimentación de reflexiones e ideas que conduce a la idea definitiva tuviera lugar en la mente del científico, parlamentario, inventor y alquimista inglés, hijo de campesinos, durante sus traslados. De hecho, muchos de sus experimentos sobre la luz y la electricidad los realizó en movimiento ‒a menudo a la carrera. Si los sistemas científicos de Darwin o Humboldt no se entienden sin sus viajes nerviosos por el mundo, como recuerda Frédéric Gros en Andar, una filosofía (Taurus, 2014), tampoco se pueden comprender los sistemas filosóficos de Nietzsche, Kant o Rousseau sin sus paseos cotidianos.

Las ideas son redes. Nos lo han recordado en los últimos años autores tan distintos como el divulgador tecnológico Steven Jonhson (Las buenas ideas, Turner, 2011) o el pensador de la ciencia Jorge Wagensberg (Teoría de la creatividad, Tusquets, 2017).  Son redes dinámicas. Redes neuronales. El movimiento de los vínculos, la expansión, la retroalimentación entre los nodos o la circulación bioeléctrica tienen su correlato en la divagación que es inseparable del vagar, la digresión que lleva a la analogía (enlace poético), la alternancia entre la observación de la realidad presente y los recuerdos que se van sucediendo al ritmo de nuestros pasos, que es el de nuestro corazón. El correlato no solo es simbólico, sino también de causa efecto: al andar generamos más sinapsis que cuando estamos quietos.

Encontramos todavía hoy ejemplos del caminar como pensamiento mágico. Tanto en la crónica como en la ficción. Tanto en Caminar sobre hielo (Gallo Nero, 2015), de Werner Herzog, el diario de una larga caminata para conjurar la posible muerte de una amiga hospitalizada, como en Toda una vida (Lumen, 2010), de David Grossman, la protagonista se echa al camino porque no quiere estar en casa el día que llegue un soldado para decirle que su hijo ha muerto en el frente. Pero, en realidad, a lo largo del siglo XX, la visión romántica del paseo o de la caminata fue cediendo espacio a su versión deportiva, racional, sociológica y política.

Francesco Careri, el autor de ese volumen de referencia sobre andar y pensar que es Walkscapes (Gustavo Gili, 2005),  sostiene en su nuevo libro (la antología de artículos Pasear, detenerse, publicada por Gustavo Gili) que el paseo urbano debe seguir investigando en las zonas periféricas e indefinidas de la urbe, puertas de acceso a «una ciudad paralela con unas dinámicas y unas estructuras propias, con una identidad formal propia, inquieta y palpitante de pluralidades, dotada de redes de relaciones, de habitantes, de lugares, de monumentos, y que deberá entenderse antes de ser saturada o, en el mejor de los casos, recalificada». Siguiendo la lógica del surrealismo y del situacionismo, Stalker/Osservatorio Nomade cartografía las zonas vagas de las metrópolis contemporáneas buscando en ellas estrategias para cambiar el sentido de lo público y de lo privado, del campo y la urbe, de los ciudadanos y los refugiados.
En el centenario de Robert Walser y el bicentenario de Thoreau de este año 2017, el caminar no solamente reivindica su condición nada romántica de laboratorio creativo e intelectual, sino que también nos recuerda su naturaleza ideológica. Desde las peregrinaciones de los santos y santones antiguos hasta las protestas individuales y colectivas de la actualidad, en forma de itinerario o marcha, la historia política de la humanidad se puede leer en términos de movimiento. Tanto Rebecca Solnit (en Wanderlust, Capitán Swing, 2016) como Matthew Beaumont (en Night Walking, Verso Books, 2015) piensan el viaje sobre todo como un cuerpo en movimiento, que con sus pasos ‒diurnos o nocturnos, masculinos o femeninos‒ se rebela contra un sistema.

Pero lo cierto es que las caminatas ya no son solo físicas y mentales, sino también virtuales. Nuestro teléfono móvil lleva la cuenta de cada uno de nuestros pasos. Es muy sencillo convertirlos en un mapa digital. No solo eso: nuestra navegación cotidiana por internet se parece mucho a una sucesión de paseos con bifurcaciones y desvíos y hallazgos y tantas pérdidas. En un futuro podremos reconstruir todos y cada uno de nuestros movimientos físicos (registrados en formatos GPS) e interiores (registrados por los buscadores y las redes sociales), pero será más interesante mapear la circulación de las comunidades. Careri evoca en Pasear, detenerse una experiencia colectiva en Bogotá, bajo la guía de Hernando Gómez, quien invita a «hacer el amor con la ciudad» en sus rutas de noche. Dice: «Su caminata es política, un acto público; conoce la ciudad con todas sus contradicciones, sabe en qué pliegues anidan, dónde se hacen patentes, dónde se vuelven evidentes». El paseo nocturno, por lo tanto, se asemeja al proceso de revelado fotográfico. Lo que está en negativo irá surgiendo lentamente, volviéndose luz. Lo que está prohibido, que es peligroso si vas solo, que está oculto, es neutralizado por la acción colectiva: «es un acto democrático de reapropiación del espacio público, en cierto modo un acto revolucionario». Cuando Careri cuenta a los que caminan son 160 personas. Pero los teléfonos móviles corren la voz y llegan a ser más de doscientas personas, paseando juntas, pensando juntas, una masa crítica física y virtual, en movimiento.

Tal vez sea esa la gran metamorfosis histórica del caminar: cada vez menos romántico, menos individual; cada vez más pensando juntos, reformulando en grupo, buscando en red.

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Diez propuestas para desafiar el cambio climático desde la cultura http://lab.cccb.org/es/diez-propuestas-para-desafiar-el-cambio-climatico-desde-la-cultura/ http://lab.cccb.org/es/diez-propuestas-para-desafiar-el-cambio-climatico-desde-la-cultura/#respond Tue, 16 May 2017 08:33:48 +0000 http://lab.cccb.org/?p=15750/ ¿Cómo desafiar el cambio climático desde la cultura? Esta es la pregunta que plantea la segunda edición del Premio Internacional a la Innovación Cultural, con el objetivo de estimular iniciativas que ofrezcan soluciones imaginativas a uno de los problemas globales más decisivos del siglo XXI. Los diez proyectos finalistas son una buena muestra de la […]

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La Guardia Costera transporta reporteros de radio que detallan la devastación de la inundación. Ohio, 1937.

La Guardia Costera transporta reporteros de radio que detallan la devastación de la inundación. Ohio, 1937 | U.S. Coast Guard | Dominio público

¿Cómo desafiar el cambio climático desde la cultura? Esta es la pregunta que plantea la segunda edición del Premio Internacional a la Innovación Cultural, con el objetivo de estimular iniciativas que ofrezcan soluciones imaginativas a uno de los problemas globales más decisivos del siglo XXI. Los diez proyectos finalistas son una buena muestra de la diversidad de ideas con las que afrontar este reto. El conjunto de propuestas recibidas nos ayudan, además, a identificar algunas tendencias generales en la lucha contra el cambio climático.

El Premio Internacional a la Innovación Cultural busca en cada convocatoria, con la elección de una temática diferente, servir como plataforma para identificar, acelerar y dar visibilidad al nuevo panorama de la producción cultural. En esta ocasión, el gran número de propuestas presentadas, su calidad y el grado de elaboración son un reflejo de la relevancia que el cambio climático tiene a nivel global. Prueba de ello es la presencia de iniciativas que ya están en marcha o que tienen un largo recorrido.

En la segunda edición del premio se recibieron 218 proyectos, los cuales representan, considerando que muchas de las propuestas han sido redactadas por colectivos o agrupaciones, a más de quinientas personas procedentes de 59 países.

Una vez analizadas las propuestas por parte de una comisión técnica integrada por personal del CCCB, se han seleccionado los diez proyectos finalistas que pasarán a ser valorados por un jurado internacional. La propuesta premiada se desarrollará en el marco de la exposición «Después del fin del mundo» que, junto al Debate de Barcelona, SoyCámara y el programa educativo, complementarán la línea de programación del CCCB durante 2017-2018 vinculada a este tema tan decisivo y crucial.

Diez propuestas para el antropoceno

<3 Earth

El proyecto propone la creación de un espacio experimental expositivo que une la construcción física y simbólica del cambio climático con lo performativo. A través de charlas, encuentros, teatro y acciones multidisciplinares, pretenden escenificar una dimensión contemplativa e invitar al público a reflexionar, a la par que comunicarán sobre los efectos del cambio climático, las políticas actuales de actuación para frenarlo y las dificultades de la comprensión de un tema tan vasto. El colectivo está conformado por Xisi Sofia Ye, Max Grosse, Marc Salicrú, Víctor Ruiz, Anna Serrano, Elena Martín, Román Cadafalch, Adrià Botella y Albert García-Alzórriz.

Eat Drink Spill Hope

Teresa Borasino continúa una de sus líneas de trabajo para explorar un nuevo modelo alimentario basado en una agricultura regenerativa, una distribución y comercialización justa y una alimentación basada en cultivos locales que tengan un impacto positivo en el medio ambiente. Toda la investigación se formaliza en la elaboración de un recetario que servirá de base para impartir talleres y cursos de cocina. El proyecto concluye con cenas performáticas que invitan a reflexionar sobre cómo el consumo de determinados alimentos afecta al ecosistema.

Eat Drink Spill Hope

Eat Drink Spill Hope

Estrategias postdigitales para el antropoceno

Sandra Álvaro y Ramón Sangüesa tienen como objetivo propiciar una visión posthumanista del antropoceno, creando una nueva relación entre instituciones, públicos y el entorno tecnológico. A partir de una serie de talleres, se pretende ofrecer al público herramientas que lo empoderen en la obtención de datos, su interpretación y el uso crítico y operativo de sus resultados con la finalidad de promover modos de comprender, narrar y actuar en esta era geológica en la que todos estamos implicados.

Hoy es un día cualquiera, a mediados de 2030

El colectivo formado por Víctor González, Lorenzo García-Andrade, Leticia Ybarra, Carlos Gárate, Virginia Lázaro y Eloy Vicente plantea un programa cultural transdisciplinar para abordar la crisis ecológica planetaria a través de actividades que reflexionan sobre la cotidianeidad en el año 2030, fecha límite de los objetivos de desarrollo sostenible. El proyecto diseña una convocatoria expositiva, charlas, conferencias, performances, actividades participativas y talleres para abordar la temática y llamar a la acción.

La Ruleta Gaia

El colectivo Laboratorio de Pensamiento Lúdico propone un juego colectivo para la generación de futuros especulativos sobre la evolución del planeta y los organismos que le damos vida. El proyecto es una instalación participativa basada en una ruleta de casino, que imita nuestro entorno en escala temporal y espacial. A través de diferentes partidas, se moldearán relatos de futuro sobre el devenir del planeta. El colectivo está formado por Estel Cristià, Raúl Herrera, Constanza Mendoza, Rubén Moldes, Antonio R. Montesinos, Susana Rodilla, Christina Schultz y cuenta con la asesoría de Andri W. Stahel.

L’oda al futur

Un proyecto colectivo que propone un calendario de jornadas para hacer visibles los indicios de la aceleración de seis puntos de la geografía catalana en los que ya se pueden experimentar las consecuencias del cambio climático. Grupos activistas de estos paisajes (designados como ODA: «Obrador de Disidencia Activista») se coordinarán con tres obradores más para poder materializar y mostrar los paisajes sensibles en dispositivos ensayísticos, dramatúrgicos, performativos, gráficos y de movilización. La propuesta la presentan Daniel Barbé Farré, Annelies Broekman, Rafael Diez, Josep Ribera, Jordi Huguet, Núria Vidal, Susanna Abella, Sergi Solà, Ramon Gabarrós, Carme Torrent, Jordi Mas, Marian de la Chica, Ariadna Serrahima, Diego Bustamente, Katharina Hetzeneder, junto con las organizaciones Xarxa per una Nova Cultura de l’Aigua, L’automàtica, Can Batlló, Oficina de Disseny, Grup de Defensa del Ter, Plataforma de Defensa de l’Ebre, Martorell Viu, Prou Sal y Paisatges Inestables.

The Apocalypse Project

La filipina Catherine S. Young lleva desde 2013 desarrollando este proyecto y generando año tras año nuevas experiencias y reflexiones. Junto con científicos e ingenieros, la artista especula situaciones futuras y analiza las consecuencias del cambio climático en diferentes áreas: desastres medioambientales y refugiados climáticos, olores que desaparecerán, comida y menú del futuro, indumentaria… Los diferentes experimentos e instalaciones se acompañan de workshops y actividades educativas y participativas.

The Apocalypse Project

The Newton Machine

James Auger y Julian Hanna (Madeira Interactive Technologies Institute, Portugal) y Laura Watts (IT University of Copenhagen, Dinamarca), en colaboración con Community Energy Scotland, tratan de desarrollar un prototipo de baterías que funcionan por gravedad para almacenar la energía renovable. Se trata de una investigación que explora las necesidades de comunidades locales concretas con el objetivo de ayudarlas a conseguir la autosuficiencia energética limpia y gratuita. El proyecto consta de tres fases: un laboratorio de experimentación, un laboratorio en vivo y de prototipado y un workshop donde presentarán toda su experiencia.

Upcycling de Barri

Marc Benito y Aniol López son los miembros del colectivo Taller Esfèrica y exploran los beneficios de la economía circular y el tratamiento de los residuos plásticos a una escala doméstica y local. Siguiendo la filosofía de iniciativas como Precious Plastic, proponen la creación de un espacio de encuentro con tres objetivos principales: educación ambiental práctica, desarrollo de productos compatibles con la gestión circular de recursos y la microgestión de residuos plásticos.

We Are All Climate Refugees

¿Cómo sería el mundo si tuviéramos la posibilidad de verlo desde la perspectiva de un refugiado climático? La asociación BeAnotherLab, a través de «The Machine to Be Another», ha creado un sistema que combina realidad virtual, arte performático y metodologías del campo de la neurociencia para crear en el usuario experiencias inmersivas y sensoriales empáticas. En esta ocasión la utilizan para realizar dos documentales VR con los que experimentar en primera persona lo que significa ser refugiado climático.

Body Swap | BeAnotherLab

Vías y tendencias

Aunque buena parte de los proyectos presentados al premio están orientados a sensibilizar acerca del cambio climático y la presente situación, es posible detectar entre ellos diferentes tendencias que van más allá de la divulgación. Las iniciativas exploran prácticas tradicionales que habían sido abandonadas por las tendencias de producción y consumo capitalistas, se plantean prototipos, se desarrollan nuevas propuestas que se adelantan a las problemáticas del futuro y se realizan ejercicios de prospectiva donde predomina el diseño especulativo. El conjunto de los proyectos permite extraer una serie de conclusiones:

  • La procedencia de los proyectos reafirma el alcance de un cambio de sensibilidad a nivel global.
  • Los colectivos participantes se organizan en estrecha colaboración entre artistas, científicos, diseñadores, gestores culturales, activistas, etc., demostrando que este tipo de iniciativas ayudan a establecer puentes que fomentan la comunicación entre distintos oficios y disciplinas.
  • Los proyectos inciden sobre diferentes objetivos y temáticas, enfatizando el hecho de que las consecuencias del cambio climático afectan a todos los aspectos de la vida y que nuestras decisiones cotidianas dejan huellas perdurables en el entorno.
  • La hibridación de formatos es una tónica general y la mayoría de las propuestas continúa la línea de la edición anterior del Premio, fomentando la participación de los públicos con sugerentes propuestas de gamificación como otra vía para la sensibilización y el conocimiento.

Por otra parte, los proyectos permiten vislumbrar un cambio de paradigma (o paradigmas) ya anticipado en la reciente edición de Kosmopolis:

  • Un cambio filosófico que propone una crítica renovada al antropocentrismo y la necesidad de un nuevo giro copernicano: no somos el centro del universo ni la medida de todas las cosas.
  • Un cambio radical de sensibilidad sobre el reino vegetal y animal, sustentado en las ciencias y disciplinas que demuestran la sofisticación y complejidad de las inteligencias no humanas.
  • Un cambio en las maneras de asumir el antropoceno, mediante la creación de relatos que trasciendan las visiones nihilistas y distópicas.

El cambio climático está entre nosotros y ha llegado para quedarse, pero las iniciativas culturales y las propuestas presentadas a esta convocatoria del Premio Internacional a la Innovación Cultural nos enseñan que hay maneras y modos con los que concienciar y educar en sus causas y sobre todo a enfrentarse a sus consecuencias. Y lo hacen sin caer en la desesperanza, el cinismo o el nihilismo.

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Daniel Tammet: «A menudo ignoramos hasta dónde somos capaces de llegar, hasta que no lo probamos» http://lab.cccb.org/es/daniel-tammet-a-menudo-ignoramos-hasta-donde-somos-capaces-de-llegar-hasta-que-no-lo-probamos/ http://lab.cccb.org/es/daniel-tammet-a-menudo-ignoramos-hasta-donde-somos-capaces-de-llegar-hasta-que-no-lo-probamos/#respond Tue, 09 May 2017 07:24:31 +0000 http://lab.cccb.org/?p=15702/ En la mente de Daniel Tammet cada número tiene su propia forma, color, textura y emoción. Y lo mismo le sucede con las palabras. Tammet ha publicado varios libros donde nos explica lo que sucede en una mente maravillosa, y cómo esa mente puede realizar una gran exploración de sí misma con la ayuda de […]

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Daniel Tammet. Ilustración de José Antonio Soria, CC-BY.

Daniel Tammet. Ilustración de José Antonio Soria, CC-BY.

En la mente de Daniel Tammet cada número tiene su propia forma, color, textura y emoción. Y lo mismo le sucede con las palabras. Tammet ha publicado varios libros donde nos explica lo que sucede en una mente maravillosa, y cómo esa mente puede realizar una gran exploración de sí misma con la ayuda de las neurociencias, pero, sobre todo, estudiando y cuidando todo aquello que nos emociona y asombra. Entrevistamos a Daniel Tammet en su paso por Kosmopolis 2017, para conocer la fisiología de su pensamiento, su desarrollo como escritor, su visión de las inteligencias no humanas, su postura frente el cambio climático, y también sobre las tecnologías que nos fascinan y nos aíslan, nos conectan y nos controlan.

Tammet por Tammet

Tengo una disfunción que se llama autismo de alto funcionamiento o síndrome del sabio. Es una enfermedad rara en que las conexiones del cerebro entre sus diferentes células se desarrollan de una forma distinta a la de la mayoría de gente. Una de las consecuencias de esta condición, cuando era pequeño, era que, por un lado, tenía grandes dificultades para interactuar socialmente, pero, por otro lado, desarrollé destrezas como el lenguaje o también números. Porque, en mi cabeza, los números y las palabras tienen color, textura, personalidad. Es un fenómeno que se denomina sinestesia.

Aunque yo en aquella época lo ignoraba todo sobre ella, la sinestesia es una parte fundamental de la creatividad. El escritor Nabokov también era sinestésico y, probablemente, también era autista, aunque no se le llegó a diagnosticar nunca de ello. Del mismo modo que Nabokov, para mí las palabras tienen colores. Cuando escribo, como él, también tengo mis pasiones y obsesiones con los números o con el ajedrez. Mi primera novela, por ejemplo, se centraba en el ajedrez. Era una partida de ajedrez entre grandes maestros soviéticos, en Moscú.

Así, lo que podría haber sido un problema grave para mucha gente para mí ha significado la oportunidad de entender el mundo desde una perspectiva diferente, y de encontrar mi camino como escritor. Pienso que la mayoría está de acuerdo con que los escritores somos personas inusuales, y que tenemos una gran capacidad para encarar el mundo desde una perspectiva diferente. Como lectores, queremos ver el mundo a través de unos ojos diferentes.

«Qué pasaría si el mundo no tuviera 24 horas al día, sino 23? El 23 es un número primo y, por lo tanto, tendría consecuencias bastante significativas en cuanto a nuestra forma de concebir el paso del tiempo.»

La palabra «tiempo» es un buen ejemplo de ello. Para mí, la palabra «tiempo» es de color naranja. Pero quiero señalar que el hecho de sufrir autismo o sinestesia no me impide pensar de manera abstracta. Soy capaz de plantearme el tiempo como un fenómeno, y preguntarme si el tiempo empezó con el principio del universo, por ejemplo, o si existen diferentes universos y, por lo tanto, varios tipos de tiempo. Qué pasaría si el mundo no tuviera 24 horas al día, sino 23? El 23 es un número primo y, por lo tanto, tendría consecuencias bastante significativas en cuanto a nuestra forma de concebir el paso del tiempo.

Puedo plantearme estas preguntas y así lo hago al escribir. Pero la sinestesia me hace ver las cosas de un modo superficial: la palabra deviene naranja instantáneamente y ello es una experiencia placentera. En cierto modo, cuando escribes poesía tratas el lenguaje de una manera superficial. Quieres juntar las palabras para que comuniquen cosas interesantes, bonitas y, a poder ser, profundas.

«Veo las palabras con colores, entiendo cómo se interrelacionan y las conexiones existentes entre sí, y ello me ayuda mucho a la hora de aprender una lengua que desconozco. También es porque, por motivos sociológicos, me apasionan las lenguas. Son un fenómeno fascinante. Cuando te apasiona algo, es natural que se te dé muy bien.»

El lenguaje siempre me ha parecido fascinante, porque yo nunca he sentido que tuviera una lengua materna. Cuando naces con algún trastorno autista, te sientes como en otro país, un país extraño, con una lengua extraña. No te sientes parte de tu país ni de tu lengua. Es uno de los motivos por los que me fui de Inglaterra hace diez años, me casé con un hombre francés y vivo en Francia, y no uso nunca el inglés salvo cuando escribo. Siempre hablo en francés.

Para mí fue duro adquirir el lenguaje con toda su parte social. Fue muy difícil para mí, pero al mismo tiempo me apasionaba, había algo que me fascinaba. Cuando te apasiona algo, a menudo es que tienes una habilidad especial para ello y yo, como muchos escritores, tengo un don de lenguas, las aprendo y las entiendo fácilmente, con rapidez. Un buen ejemplo de ello es que hace mucho tiempo, más de diez años, salí en un documental y eligieron una lengua, el islandés y me pidieron que me aprendiera esa lengua en una semana. Estrictamente hablando, es imposible aprender una lengua en una semana, para mí y para cualquiera. Pero el hecho es que fui capaz de aprender lo suficiente para que pudieran entrevistarme en islandés, tras una semana. O sea que soy capaz de hacer cosas que a la mayoría de gente le parecen increíbles, pero forma parte del modo en que se ha desarrollado mi cerebro. Veo las palabras con colores, entiendo cómo se interrelacionan y las conexiones existentes entre sí, y ello me ayuda mucho a la hora de aprender una lengua que desconozco. También es porque, por motivos sociológicos, me apasionan las lenguas. Son un fenómeno fascinante. Cuando te apasiona algo, es natural que se te dé muy bien.

Yo uso de forma cotidiana tres lenguas: el inglés, el francés y el islandés. El islandés, porque desde que lo aprendí prácticamente en una semana, he hecho muy buenos amigos en Islandia y voy cada año. Lo utilizo regularmente, nos escribimos en islandés. No fue solo un entretenimiento. Fue una oportunidad para descubrir una nueva forma de expresarme y para leer la magnífica literatura que existe en islandés. También sé algo de esperanto, pero no es una lengua que se hable, solo se escribe. No he oído nunca a nadie que hablara esperanto. Puedo leer el español, pero me cuesta hablarlo. Bueno, lo hablo un poco, pero bastante mal, creo. Podríamos decir que domino unas cinco o seis lenguas. Y he estudiado cuatro o cinco más a lo largo de los años, y las puedo entender un poco.

«Antiguamente se pensaba que el autismo era una condición irreversible, que si nacías falto de habilidades sociales, vivirías toda la vida con esa carencia. Hoy sabemos que eso es totalmente falso y que el cerebro cambia constantemente a lo largo de toda la vida.»

Antiguamente se pensaba que el autismo era una condición irreversible, que si nacías falto de habilidades sociales, vivirías toda la vida con esa carencia. Hoy sabemos que eso es totalmente falso y que el cerebro cambia constantemente a lo largo de toda la vida. Yo tuve la suerte de que me estimularon muchísimo. Éramos ocho hermanos, así que desde muy pequeño estuve muy estimulado, estábamos rodeados de libros, leía ávidamente. Aprendí muchísimo sobre sentimientos humanos, la empatía, a través de la literatura, la poesía, las novelas, Shakespeare… y muchos otros grandes autores. Y mi cerebro cambió.

Actualmente tengo una profesión, viajo por todo el mundo, hago conferencias ante cientos o miles de personas, mis libros se han traducido a un montón de lenguas, he vendido muchos ejemplares, he ganado premios… Es increíble hasta dónde he llegado pero también es porque antes se tenía una idea errónea sobre las limitaciones de los humanos, o de cualquier condición humana. Pienso que esto se puede explicar a cualquiera: poner límites a alguien y creer que hasta allí es donde puede llegar es un erro. A menudo ignoramos hasta dónde somos capaces de llegar, hasta que no lo probamos.

«Como humanos, debemos tener presente que podemos aprender de las plantas y los animales, y que existían culturas tradicionales en todo el mundo, antes de que los europeos se establecieran ahí, que entendían el entorno como algo con vida propia.»

Soy muy partidario de la idea de que existen varios tipos de mentes, tanto humanas como no humanas. Personalmente, no creo que exista inteligencia extraterrestre. Mucha gente me pregunta si hay vida fuera de nuestro planeta. Desde un punto de vista estrictamente matemático, no hay ninguna evidencia de vida inteligente extraterrestre. Pero, en cambio, pienso que hay mucha inteligencia en nuestro planeta. Los humanos formamos parte de él, pero no tenemos la última palabra respecto a esta inteligencia.

Como humanos, debemos tener presente que podemos aprender de las plantas y los animales, y que existían culturas tradicionales en todo el mundo, antes de que los europeos se establecieran ahí, que entendían el entorno como algo con vida propia. Para ellos, la religión no era ir a la iglesia, la oración de los domingos, la Biblia… sino el hecho de que en cualquier momento podías conectar con el mundo externo. El mundo no empezaba y terminaba en los límites de su piel, en todo momento estaban interconectados con otras formas de inteligencia, con resultados positivos y enriquecedores. Soy muy partidario de esta idea.

Yo todavía iría más allá y plantearía la cuestión de si algunas formas de vida abstractas, como los números y las palabras, también participan en la experiencia humana, y hasta qué punto. ¿Es solo el ser humano quien crea números y palabras? Quizá los números y las palabras nos ayudan a la hora de participar en la habilidad de pensar y de crear. Cuando un escritor dice: «Tengo una idea», y de repente crea un poema de la nada y dice que ha sido la inspiración… Una persona creyente diría que es cosa de Dios, pero otra posibilidad es que lo haga el lenguaje por sí mismo, que aparece, rescata al poeta y le pone las palabras prácticamente en la boca o el bolígrafo. Me gusta mucho esta idea, pienso que todo tipo de objetos poseen una cierta inteligencia y que lo que cuenta es usar el cerebro, así como el lenguaje. Muchas cosas no pueden hablar. Los animales se pueden comunicar, pero no utilizan el lenguaje tal y como nosotros lo entendemos. Nosotros sí, y tenemos la responsabilidad de aprovechar esta habilidad y hablar en representación de las cosas que no tienen capacidad de hablar ni lenguaje, ya sean otras formas de vida u objetos inanimados. Un poeta que escribe sobre una lámpara, o que escribe sobre su bolígrafo, da vida, a través del lenguaje, a unos objetos que normalmente consideramos totalmente inertes. Podríamos preguntarnos, de forma filosófica, si el poeta da vida al bolígrafo o a la lámpara, o si estas cosas ya existen realmente de algún modo y nosotros simplemente usamos la inteligencia para comunicarnos con ellas.

«En vez de reñir, creo que es mejor poner al alcance una idea de futuro de nuestro planeta, de nuestra sociedad, que sea lo bastante atractiva para que la gente, con el instinto y la razón, tenga ganas de formar parte de ella.»

Soy optimista por naturaleza, así que espero que no nos caiga encima ninguna espada. Pienso que es positivo que cada vez tengamos mayor conciencia de la necesidad de respetarnos los unos a los otros y también el medio ambiente, el planeta. Creo que hay que alertar a la gente, pero también resulta peligroso alertar y nada más, porque cuando solo alertas a la gente a veces se cierran en banda porque no les gusta que les riñan constantemente, como si fueran un niño travieso a quien hay que echar una bronca. En vez de reñir, creo que es mejor poner al alcance una idea de futuro de nuestro planeta, de nuestra sociedad, que sea lo bastante atractiva para que la gente, con el instinto y la razón, tenga ganas de formar parte de ella. Eso es algo que los escritores hacen muy bien, y los poetas y los periodistas.

El instante en que coges un bolígrafo, en cierto modo es un acto de desobediencia civil. Quieres hacer un mundo mejor, porque si no ya no te molestarías en coger el bolígrafo. Desde el momento en que coges el bolígrafo, haces este gesto, escribes y te haces oír, si eres capaz de hacer oír tu voz, publicar tu obra y encontrar un público, puedes persuadir, y la mejor vía, la forma más persuasiva de escribir a menudo es la que no tiene la intención de educar explícitamente, la menos evidente, como: «esto es lo que queremos decir, esto es muy importante». Es preferible explicar una historia. A los humanos nos encantan las historias, somos narradores intuitivos. Cuando una historia está bien escrita, tiene la capacidad de convencer por sí misma. La historia que podemos explicar acerca de nuestro mundo y nuestro planeta, siempre y cuando se explique bien, podrá convencer a suficiente gente en el futuro, estoy seguro de ello. Quiero ser optimista y pensar que el mundo pervivirá muchos años más y que hallaremos soluciones.

«Todos los cerebros son extraordinarios. La genialidad, sea del tipo que sea, no se debe a una mera particularidad del cerebro, sino que es el resultado de otros atributos, mucho más caóticos y dinámicos, como la perseverancia, la imaginación, la intuición o el amor.»
Daniel Tammet, La conquista del cerebro (2017)

La palabra clave es «herramienta». Una vez entendido esto, depende de cómo lo utilicemos. Es como el lenguaje: lo podemos usar para inspirar, para entretener, para educar… O lo podemos usar para humillar y insultar. Todo depende de cómo lo utilicemos. En cuanto a Internet, si sirve para que puedan comunicarse personas que están a grandes distancias, lo encuentro fantástico. Yo tengo amigos en Islandia, en Canadá, en Quebec, en todo el mundo, puedo comunicarme con ellos instantáneamente gracias a Internet, y esto es fabuloso. Por el contrario, sé que existen plataformas como Twitter o Facebook que pueden ser peligrosas, que tienen su cara oscura. A menudo la gente escribe cosas sin pensar, cosas que pueden herir los sentimientos de otras personas, y que pueden insultar. Es paradójico. Al mismo tiempo nos acerca y nos distancia y fomenta el aislamiento, nos hace vivir en burbujas. Yo me pasé tanto tiempo en una burbuja, cuando era un niño autista, que no animaría a nadie a vivir en una burbuja, en Internet o donde sea.

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Convivir con algoritmos inteligentes http://lab.cccb.org/es/convivir-con-algoritmos-inteligentes/ http://lab.cccb.org/es/convivir-con-algoritmos-inteligentes/#respond Wed, 03 May 2017 09:50:49 +0000 http://lab.cccb.org/?p=15668/ La producción masiva de datos ha propiciado un nuevo despertar de la inteligencia artificial, en el que los algoritmos son capaces de aprender de nosotros y devenir agentes activos en la producción de nuestra cultura. Procedimientos basados en el funcionamiento de nuestras capacidades cognitivas han dado lugar a algoritmos capaces de analizar los textos e […]

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Fira de l'eficiència a l'Amsterdam RAI, 1987

Feria de la eficiencia en el Amsterdam RAI, 1987 | Nationaal Archief | Dominio público

La producción masiva de datos ha propiciado un nuevo despertar de la inteligencia artificial, en el que los algoritmos son capaces de aprender de nosotros y devenir agentes activos en la producción de nuestra cultura. Procedimientos basados en el funcionamiento de nuestras capacidades cognitivas han dado lugar a algoritmos capaces de analizar los textos e imágenes que compartimos para predecir nuestra conducta. En este escenario, surgen nuevos retos sociales y éticos sobre la convivencia y el control de estos algoritmos, que lejos de ser neutrales, también aprenden y reproducen nuestros prejuicios.

Eva quiere ser libre, salir al exterior y conectar con el mundo cambiante y complejo de los humanos. La protagonista de Ex Machina es el resultado del modelado de nuestro pensamiento a partir de la base de datos recopilada por el motor de búsqueda Blue book, un ser inteligente y capaz de actuar de modo imprevisto, que, viendo su supervivencia amenazada, conseguirá burlar a su examinador y acabar con su creador. Tradicionalmente la ciencia ficción nos ha acercado al fenómeno de la inteligencia artificial recurriendo a encarnaciones humanoides, seres superhumanos que cambiarían el curso de nuestra evolución. Aunque aún estamos lejos de conseguir una inteligencia artificial fuerte, un cambio de paradigma en este campo de estudio está produciendo aplicaciones que afectan cada vez a más facetas de nuestra vida cotidiana y modifican nuestro entorno, a la vez que plantean nuevos retos éticos y sociales.

A medida que nuestra vida cotidiana se halla cada vez más mediatizada por la red y se incrementa el aluvión de datos que alimenta este sistema, los algoritmos que rigen este medio se hacen más inteligentes. El aprendizaje automático (machine learning) produce aplicaciones especializadas que evolucionan gracias a los datos generados en nuestras interacciones con la red y que están penetrando y modificando nuestro entorno de modo sutil e inadvertido. La inteligencia artificial está evolucionando hacia un medio tan ubicuo como la electricidad, ha penetrado en las redes sociales convirtiéndose en un agente autónomo capaz de modificar nuestra inteligencia colectiva y, a medida que este medio se incorpora al espacio físico, está modificando el modo en que percibimos y actuamos en el mismo. A medida que este nuevo entramado tecnológico se aplica a más campos de actividad, queda por ver si esta es una inteligencia artificial para el bien, capaz de comunicarse de un modo eficiente con el ser humano y aumentar nuestras capacidades o un mecanismo de control que, al mismo tiempo que nos sustituye en tareas especializadas, captura nuestra atención convirtiéndonos en consumidores pasivos.

Algoritmos inteligentes en la red

A principios de año, Mark Zuckerberg publicó la nota Construyendo una Comunidad Global dirigida a todos los usuarios de la red social Facebook. En este texto, Zuckerberg aceptaba la responsabilidad social de este medio, a la vez que lo definía como un agente activo en la comunidad global y comprometido en colaborar en la gestión de emergencias, el control del terrorismo y la prevención del suicidio. Estas promesas radican en un cambio en los algoritmos que rigen esta plataforma. Si hasta ahora la red social filtraba la gran cantidad de información subida a la plataforma recopilando datos de las reacciones y contactos de sus usuarios, ahora el desarrollo de algoritmos inteligentes permite comprender e interpretar el contenido de estas informaciones. De este modo, Facebook ha desarrollado la herramienta Deep Text, que aplica aprendizaje automático para comprender lo que los usuarios dicen en sus posts, y crear modelos de clasificación de intereses generales. La inteligencia artificial también es empleada para la identificación de imágenes. DeepFace es una herramienta que permite identificar los rostros en fotografías con un nivel de acierto cercano al de los seres humanos. La visión computerizada también se aplica a generar descripciones textuales de las imágenes en el servicio Automatic Alternative text dirigido a que los invidentes puedan saber qué están publicando sus contactos. Asimismo, ha permitido al Connectivity Lab de esta compañía generar el mapa de población más exacto hasta la fecha. En su esfuerzo por administrar conexión a la red a todo el mundo mediante drones, este laboratorio ha analizado imágenes por satélite de todo el globo en busca de edificaciones que revelaran presencia humana. Estos datos, en combinación con las bases de datos demográficas existentes, ofrecen información exacta de donde se localizan los potenciales usuarios de la conectividad ofrecida por los drones.

How Does Facial Recognition Work? | Brit Lab

Estas aplicaciones y muchas otras, que testea y aplica periódicamente la compañía, se basan en el FBLearner Flow, la estructura que facilita la aplicación y el desarrollo de inteligencia artificial a toda la plataforma. Flow es un motor automatizado de aprendizaje automático que permite entrenar hasta trescientos mil modelos cada mes, asistido por AutoML, otra aplicación inteligente que limpia los datos para ser empleados en redes neuronales. Estas herramientas automatizan la producción de algoritmos inteligentes, que son aplicados a jerarquizar y personalizar el muro de los usuarios, filtrar contenidos ofensivos, resaltar tendencias, ordenar resultados de búsquedas y muchas otras cosas que están cambiando nuestra experiencia en la plataforma. La novedad de estas herramientas es que no solo modelan el medio conforme a nuestras acciones, sino que, al acceder a la interpretación de los contenidos que publicamos, permite a la compañía extraer patrones de nuestra conducta, prever nuestras reacciones e influenciarlas. En el caso de las herramientas puestas a disposición para la prevención del suicidio, actualmente consta de un menú desplegable que permite reportar posibles casos y acceder a información útil como números de contacto y vocabulario para dirigirse a la persona en riesgo de modo adecuado. Sin embargo, estos casos reportados forman una base de datos que, analizada, da lugar a patrones de conducta identificables que en un futuro cercano permitirían a la plataforma prever una posible incidencia y reaccionar de modo automatizado.

Por su parte, Google es la compañía detrás del último gran logro de la inteligencia artificial. Alpha Go está considerado el primer programa de inteligencia general. El programa, desarrollado por Deep Mind, la compañía de inteligencia artificial adquirida por Google en 2014, no solo emplea aprendizaje automático que le permite aprender analizando un registro de jugadas, sino que además integra aprendizaje reforzado que le permite elaborar estrategias aprendidas jugando contra sí mismo y en otros juegos. El año pasado este programa ganó a Lee Sedol, el mayor maestro de Go, un juego considerado como el más complejo creado por la inteligencia humana. Este hecho no solo ha contribuido al bombo publicitario que rodea la inteligencia artificial, sino que ha colocado a esta compañía a la cabeza de este nuevo entramado tecnológico. Google ha liderado los cambios que han marcado la evolución de los buscadores web, y ahora plantea un mundo de inteligencia artificial (AI first world) que cambiaría el paradigma que rige nuestra relación con este medio. Este cambio fue introducido en la carta dirigida a los inversores de este año, cuya redacción Larry Page y Sergey Brin han cedido a Sundar Pichai, el CEO de Google, quien ha introducido el asistente Google.

Google aplica el aprendizaje automático a su buscador para autocompletar y corregir los términos de búsqueda que introducimos. Para este fin utiliza el procesado de lenguaje natural, tecnología que también le ha permitido desarrollar su traductor y el reconocimiento de voz y crear Allo, una interfaz conversacional. Por otro lado, la visión computerizada ha dado lugar al servicio de búsqueda por imágenes, y es lo que permite a la nueva aplicación Google Photos clasificar nuestras imágenes sin necesidad de etiquetarlas previamente. Otras aplicaciones de inteligencia artificial permiten a Perspective analizar y denunciar comentarios tóxicos para reducir el acoso y abuso en la web, e incluso reducir el coste energético de sus granjas de servidores de datos.

El asistente de Google supondría un nuevo modo de obtener información en la plataforma que sustituiría la página de resultados de búsqueda por una interfaz conversacional. En esta un agente inteligente accedería a todos estos servicios para comprender nuestro contexto, situación y necesidades y elaborar, ya no una lista de opciones, sino una acción como respuesta a nuestras preguntas. De este modo, Google ya no proporcionaría acceso a información sobre un espectáculo, los horarios y lugar de emisión y venta de entradas, sino un servicio integrado que compraría las entradas y programaría el espectáculo en nuestra agenda. Este asistente podría organizar nuestra agenda, administrar nuestros pagos y presupuestos y muchas otras cosas que contribuirían a convertir nuestros móviles en los controles remotos de nuestras vidas.

El aprendizaje automático se sustenta en el análisis de datos produciendo sistemas autónomos que evolucionan con el uso. Estos sistemas generan su propio ecosistema de innovación en un rápido avance que está conquistando todo el medio de Internet. Los algoritmos inteligentes rigen el sistema de recomendación de Spotify; es lo que permite a la aplicación Shazam escuchar y reconocer canciones y está detrás del éxito de Netflix, que no solo los utiliza para recomendar y distribuir sus productos, sino también para planear su producción y ofrecer series y películas al gusto de sus usuarios. A medida que se incrementa el número de dispositivos conectados que generan datos, la inteligencia artificial se infiltra en todas partes. Amazon no solo la emplea en sus algoritmos de recomendación, sino asimismo en la gestión de su logística y en la creación de vehículos autónomos que puedan trasportar y entregar sus productos y la aplicación para compartir transporte Uber los emplea para perfilar la reputación de sus conductores y usuarios, para emparejarlos, proponer las rutas y calcular los precios dentro de su sistema variable. Estas interacciones producen una base de datos que la compañía está empleando en la producción de su vehículo autónomo.

Los vehículos autónomos son otro de los hitos de la inteligencia artificial. Desde que el GPS se implantó en los vehículos en 2001, se ha producido una gran base de datos de navegación que, junto con el desarrollo de nuevos sensores, ha hecho posible a Google crear un vehículo autónomo que ya ha recorrido cerca de 500.000 km sin ningún accidente y que ha anunciado su comercialización con el nombre de Waymo.

La inteligencia artificial también se implementa en asistentes para nuestros hogares, como el Google Home y el Echo de Amazon y en dispositivos wearables que recolectan datos sobre nuestras constantes vitales y que, junto con la digitalización de las imágenes diagnósticas y los expedientes médicos, está dando lugar a la aplicación de algoritmos de predicción y robots destinados a la salud. Asimismo, la multiplicación de cámaras de vigilancia y registros policiales está conduciendo a la aplicación de algoritmos inteligentes para la predicción del crimen y la toma de decisiones judiciales.

Google Home: Hands-free help from the Google Assistant | Google

Aprendizaje automático, el nuevo paradigma de la inteligencia artificial

El medio algorítmico en que tenían lugar nuestras interacciones sociales se ha hecho inteligente y autónomo, aumentando su capacidad de predicción y control de nuestra conducta, al mismo tiempo que ha migrado de las redes sociales para extenderse a todo nuestro entorno. El nuevo auge de la inteligencia artificial se debe a un cambio de paradigma que ha llevado a este entramado tecnológico de la definición lógica de los procesos intelectuales a un enfoque pragmático sustentado en datos y que permite a los algoritmos aprender del entorno.

Nils J.Nilson define la inteligencia artificial como una actividad dedicada a hacer a las máquinas inteligentes, y la inteligencia como la cualidad que permite a una entidad funcionar de manera apropiada y con conocimiento de su entorno. El término inteligencia artificial fue usado por primera vez por John McCarthy en la propuesta escrita junto con Marvin Minsky, Nathaniel Rochester y Claude Shanon para el workshop de Dartmouth de 1956. Este evento fundacional estaba destinado a convocar a un grupo de especialistas que investigaran modos en que las máquinas simularan aspectos de la inteligencia humana. Este estudio se basa en la conjetura de que cualquier aspecto del aprendizaje o cualquier otra característica de la inteligencia pueden describirse de forma suficientemente precisa para ser simulada por una máquina. La misma conjetura que llevó a Alain Turing a proponer el modelo formal de la computadora en su artículo de 1950 Computer machinery and Intelligence. Junto con otros precedentes, como la lógica booleana, la probabilidad bayesiana y el desarrollo de la estadística, se llevaron a cabo progresos en lo que Minsky definió como el avance en la inteligencia artificial: el desarrollo de computadores y la mecanización de la solución de problemas.

Sin embargo, a mediados de los años ochenta, seguía habiendo un desfase respecto al desarrollo teórico de la disciplina y su aplicación práctica, que provocó la retirada de fondos y un estancamiento conocido como el «invierno de la inteligencia artificial». Esta situación cambió con la difusión de Internet y su gran capacidad para recabar datos. Los datos han permitido conectar la solución de problemas a la realidad en un enfoque más pragmático e inspirado en la biología. En este, en lugar de haber un programador que escribe las órdenes que llevarían a la solución de un problema, el programa genera su propio algoritmo basado en datos de ejemplo y el resultado deseado. En el aprendizaje automático, la máquina se programa ella misma. Este paradigma se ha impuesto gracias al gran éxito empírico de las redes neuronales artificiales que pueden ser entrenadas con datos masivos y con computación a gran escala. Este procedimiento se conoce como aprendizaje profundo (deep learning) y consiste en capas de redes neuronales interconectadas que imitan de forma laxa el comportamiento de las neuronas biológicas, sustituyendo las neuronas por nodos y las conexiones sinápticas por conexiones entre estos nodos. En vez de analizar un conjunto de datos como un todo, este sistema lo descompone en sus partes mínimas y recuerda las conexiones entre estas partes formando patrones que son transmitidos de una capa a la siguiente, incrementando su complejidad hasta conseguir el resultado deseado. De este modo, en el caso del reconocimiento de imágenes, la primera capa calcularía las relaciones de intensidad entre los píxeles de la imagen y transmitiría la señal a la siguiente capa y así sucesivamente hasta producir un output completo, la identificación del contenido de la imagen. Estas redes pueden ser entrenadas gracias a la propagación inversa (back propagation), una propiedad que permite cambiar las relaciones calculadas conforme a una corrección humana hasta conseguir el resultado deseado. De este modo, el gran poder de la actual inteligencia artificial es que no se detiene en la definición de entidades, sino que descifra la estructura de relaciones que dan forma y textura a nuestro mundo. Un proceso similar es aplicado a la comprensión del lenguaje natural (natural language processing): este procedimiento observa las relaciones entre palabras para inferir el significado de un texto sin necesidad de definiciones previas. Otros campos de estudio contenidos en el actual desarrollo de la inteligencia artificial constituyen el aprendizaje reforzado (reinforced learning), un procedimiento que cambia el enfoque del aprendizaje automático del reconocimiento de patrones en la toma de decisiones guiadas por la experiencia. El crowdsourcing y la colaboración entre humanos y máquinas también se consideran parte de la inteligencia artificial y han dado lugar a servicios como el Mechanical Turk de Amazon, un servicio en que seres humanos etiquetan imágenes o textos para ser usados en el entrenamiento de redes neuronales.

Red neuronal artificial

Red neuronal artificial | Wikipedia

La fragilidad del sistema: la cooperación entre humanos y algoritmos inteligentes

La inteligencia artificial promete mayor personalización y una relación más fácil e integrada con las máquinas. Aplicada a campos como el transporte, la salud, la educación o la seguridad, se emplea para vigilar nuestro bienestar, alertarnos de posibles riesgos y ofrecer servicios cuando sean solicitados. Sin embargo, la implantación de estos algoritmos ha dado lugar a algunos eventos escandalosos que han alertado sobre la fragilidad de este sistema. Entre ellos el aparatoso accidente del vehículo semiautomático de Tesla, la difusión de noticias falsas en redes como Facebook y Twitter, el fallido experimento del bot Tai desarrollado por Microsoft y liberado a la plataforma Twitter para aprender en interacción con los usuarios (este tuvo que ser retirado en menos de 24 horas debido a sus comentarios ofensivos). El etiquetado de personas afroamericanas en Google Photos como «simios», la constatación de que Google es menos propenso a mostrar demandas de empleo de nivel alto a mujeres que a hombres o de que los delincuentes afroamericanos son con mayor frecuencia clasificados como potenciales reincidentes que los caucasianos han mostrado, entre otros problemas, el poder discriminatorio de estos algoritmos, su capacidad de comportamientos emergentes y la difícil cooperación con los humanos.

Estos y otros problemas se deben, por un lado, a la naturaleza del aprendizaje automático, su dependencia del big data, su gran complejidad y capacidad de previsión. Por otro lado, a su implementación social, donde encontramos problemas derivados de la concentración de estos procedimientos en unas pocas compañías (Apple, Facebook, Google, IBM y Microsoft), la dificultad de garantizar un acceso igualitario a sus beneficios y la necesidad de crear estrategias de resiliencia frente a los cambios que se producen conforme estos algoritmos van penetrando en la estructura crítica de la sociedad.

La falta de neutralidad de los algoritmos se debe a la dependencia del big data. Las bases de datos no son neutrales y presentan los prejuicios inherentes al hardware con que han sido recolectados, el propósito para el que han sido recopilados y al paisaje desigual de datos ‒no existe la misma densidad de datos en todas las zonas urbanas ni respecto a todos los estamentos y hechos sociales. La aplicación de algoritmos entrenados con estos datos puede difundir los prejuicios presentes en nuestra cultura como un virus, dando lugar a círculos viciosos y a la marginalización de sectores de la sociedad. El tratamiento de este problema pasa por la elaboración de bases de datos inclusivas y un cambio de enfoque en la orientación de estos algoritmos hacia el cambio social.

El crowdsourcing puede favorecer la creación de bases de datos más justas, colaborar a valorar qué datos son sensibles en cada situación y proceder a su eliminación y a testear la neutralidad de las aplicaciones. En este sentido, un equipo de las universidades de Columbia, Cornell y Saarland ha elaborado la herramienta FairTest, que busca asociaciones injustas que pueden producirse en un programa. Por otra parte, orientar los algoritmos hacia el cambio social puede contribuir a la detección y eliminación de los prejuicios presentes en nuestra cultura. La Universidad de Boston, en colaboración con el Microsoft Research, ha llevado a cabo un proyecto en que los algoritmos son utilizados para la detección de los prejuicios recogidos en la lengua inglesa, concretamente las asociaciones injustas que se dan en la base de datos Word2vec, usada en muchas aplicaciones de clasificación automática de texto, traducción y buscadores. El hecho de eliminar los prejuicios de esta base de datos no los elimina de la cultura, pero evita su propagación por medio de aplicaciones que funcionan de modo recurrente.

Otros problemas se deben a la falta de transparencia, que deriva no solo del hecho de que estos algoritmos son considerados y protegidos como propiedad de las compañías que los implementan, sino de su complejidad. Sin embargo, el desarrollo de procesos que haga estos algoritmos explicativos es de esencial importancia cuando estos se aplican a la toma de decisiones médicas, judiciales o militares, donde pueden vulnerar el derecho que tenemos a recibir una explicación satisfactoria respecto a una decisión que afecta a nuestra vida. En este sentido, la Agencia de Investigación para la Defensa Americana (DARPA) ha iniciado el programa Inteligencia artificial explicativa (Explainable Artificial Intelligence). Este explora nuevos sistemas de conocimiento profundo que puedan incorporar una explicación de su razonamiento, resaltando las áreas de una imagen consideradas relevantes para su clasificación o revelando un ejemplo de la base de datos que muestre el resultado. También desarrollan interfaces que hagan el proceso del aprendizaje profundo con los datos más explícitos, mediante visualizaciones y explicaciones en lenguaje natural. Un ejemplo de estos procedimientos lo encontramos en uno de los experimentos de Google. Deep Dream, llevado a cabo en 2015, consistió en modificar un sistema de reconocimiento de imágenes basado en aprendizaje profundo para que, en lugar de identificar objetos contenidos en las fotografías, los modificara. Este proceso inverso permite, además de crear imágenes oníricas, visualizar las características que el programa selecciona para identificar las imágenes, mediante un proceso de deconstrucción que fuerza al programa a trabajar fuera de su marco funcional y desvelar su funcionamiento interno.

Por último, la capacidad de previsión de estos sistemas los lleva a un incremento en la capacidad de control. Son conocidos los problemas de privacidad que se derivan del uso de tecnologías en red, pero la inteligencia artificial puede analizar nuestras decisiones anteriores y prever nuestras posibles actividades futuras; esto da al sistema capacidad para influenciar en la conducta de los usuarios, lo cual reclama un uso responsable y el control social de su aplicación.

Ex Machina nos ofrece una metáfora del temor que rodea la inteligencia artificial, que esta supere nuestras capacidades y escape a nuestro control. La probabilidad de que la inteligencia artificial produzca una singularidad o un evento que cambiaría el curso de nuestra evolución humana sigue siendo remota; sin embargo, los algoritmos inteligentes del aprendizaje automático se están diseminando en nuestro entorno y produciendo cambios sociales significativos, por lo que es necesario desarrollar estrategias que permitan a todos los agentes sociales comprender los procesos que estos algoritmos generan y participar en su definición e implementación.

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¿Soberanía tecnológica? Democracia, datos y gobernanza en la era digital http://lab.cccb.org/es/soberania-tecnologica-democracia-datos-y-gobernanza-en-la-era-digital/ http://lab.cccb.org/es/soberania-tecnologica-democracia-datos-y-gobernanza-en-la-era-digital/#respond Tue, 25 Apr 2017 09:23:46 +0000 http://lab.cccb.org/?p=15632/ Con el cambio de gobierno en Barcelona ha tomado fuerza un discurso que hace hincapié en la soberanía tecnológica y habla de data commons, derechos digitales y software libre. Sin embargo, cuando hablamos de la capacidad de decidir de la ciudadanía, no podemos olvidar la dimensión colectiva de nuestros derechos en la red. Por ello […]

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Sistema de dirección, 1966

Sistema de dirección, 1966 | San Diego Air & Space Museum Archive | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Con el cambio de gobierno en Barcelona ha tomado fuerza un discurso que hace hincapié en la soberanía tecnológica y habla de data commons, derechos digitales y software libre. Sin embargo, cuando hablamos de la capacidad de decidir de la ciudadanía, no podemos olvidar la dimensión colectiva de nuestros derechos en la red. Por ello se hace imprescindible vincular la soberanía a términos como equidad, justicia y reparación.

Hace meses que es habitual oír discursos que relacionan tecnología y soberanía, sobre todo en Barcelona. Desde un consistorio que llegó al gobierno con la promesa y responsabilidad de repensar la relación de la ciudad con la tecnología después de casos paradigmáticos de opacidad, corrupción y rechazo ciudadano, los nuevos principios quieren conformar una alternativa frente a la opción de las ciudades inteligentes dominadas por procesos de arriba abajo y con poca o ninguna consideración por el retorno social, el bien común o el impacto social y ético de la tecnología.

Esta definición de alternativas y nuevos paradigmas es urgentísima. El discurso sobre la tecnología bascula demasiado a menudo entre extremos, de un cierto ludismo reinventado y tecnofílico al tecnosolucionismo más absurdo e irracional, que asimila acríticamente los datos al petróleo o asume que más información es siempre sinónimo de mejores decisiones. El único matiz es que, mientras que las derechas tienden a confiar en el mercado y la desregulación, esperando que, como por arte de magia, la tecnología mejore la economía, nos haga más eficientes y oculte las desigualdades, la izquierda marca distancias con el mercado sin llegar a apostar por la iniciativa pública y la capacidad para imaginar futuros tecnológicos diferentes, y comparte con la derecha una infantil esperanza en que la tecnología nos acerque a sociedades mejores. Abracadabra.

Así, a diestro y siniestro, el discurso tecnológico se llena a menudo de cantos al Big Data, el Internet de las cosas, los artilugios «inteligentes», los algoritmos y Silicon Valley, como evidenciaba el líder del laborismo británico al referirse a la «cuarta revolución industrial» en estos términos. Y cuando alguien reclama un pensamiento por los impactos sociales de estos procesos, por los riesgos para la privacidad, por la necesidad de repensar derechos, valores y garantías en este nuevo escenario de datos, el tecnosolucionismo deja caer algún calificativo como «ético» o «responsable» y ya está.

En este contexto es importante el papel que quiera desempeñar la ciudad de Barcelona. ¿Podemos repensar la tecnología desde el bien común? De ser así, ¿cuáles son los términos y los contenidos de las nuevas propuestas? Para el primer teniente de alcalde de Barcelona, «en una ciudad democrática, la tecnología debería servir para empoderar digitalmente a la ciudadanía, para proteger su privacidad ante los abusos del poder público y privado, para luchar contra la corrupción y para avanzar hacia una economía más equitativa y sostenible. Esto tiene un nombre: conquistar soberanía tecnológica, digital, para el bien común.»[1] Los documentos del consistorio, por su parte, hacen distinciones entre soberanía tecnológica (romper dependencias de programas propietarios y fomentar el liderazgo público), soberanía de datos (salvaguardar la privacidad de los ciudadanos) y transparencia (la auditoría ciudadana). El paradigma propuesto por Barcelona, pues, se centra en el liderazgo y valor público, la privacidad y la transparencia.

Ser pioneros en la articulación de una definición propia del papel que debe tener la tecnología en los entornos y procesos urbanos, y atender los comprensibles equilibrios y legados de los sistemas y procesos existentes, supone un esfuerzo remarcable. Sin embargo, existen otros principios en que otras ciudades e iniciativas ya están trabajando que quedan fuera de los discursos actuales. Así, cuestiones clave vinculadas a la equidad y la justicia, la responsabilidad, la redistribución o la reparación (sí, las máquinas y los algoritmos se equivocan y sus víctimas caen en pozos infinitos de incomprensión legal y administrativa) no acaban de encontrar su lugar en los nuevos planes digitales de la ciudad.

Los límites de la soberanía de datos

Optar por la soberanía tecnológica como el elemento catalizador de un nuevo paradigma es estimulante, pero también arriesgado y potencialmente limitante. La soberanía es un término complejo y a menudo controvertido, que en su tradición rousseauniana hace referencia a poder republicano emergente del pueblo y bajo control del mismo. En el contexto de las disputas geopolíticas por el control de la comunicación transnacional, durante los últimos años la soberanía ha sido considerada como la construcción de una gobernanza –a diferentes niveles gubernamentales y politicoterritoriales– con mayor capacidad de coordinación y regulación de los intercambios digitales, que pueda incrementar tanto la seguridad colectiva como la competitividad.[2] En el caso de Barcelona se reivindica como sinónimo de la «capacidad para decidir» –la posibilidad de crear marcos de gobernanza y soluciones tecnológicas que no abusen de los datos de los ciudadanos, que les respeten la capacidad para saber qué pasa con su información, que trabajen para abordar problemas reales y no solo comerciales, y que se basen en códigos abiertos, auditables y customizables. Una especie de soberanía popular sobre los datos que se aleja de otras nociones vinculadas a la soberanía como el proteccionismo o el intento (absurdo) de desarrollar infraestructuras tecnológicas vinculadas a delimitaciones territoriales.

Technological Sovereignty and Cities | Evgeny Morozov | BITS

Además, si la elección del término soberanía para articular un nuevo discurso y prácticas tecnológicas busca basarse en la idea del control y la capacidad de decisión (siguiendo la analogía de la soberanía popular), los elementos vinculados al bien común, precisamente, pasan a un segundo plano. La soberanía permite la expresión de opciones individuales que, una vez agregadas, determinan futuros políticos. En el mundo de los datos y en la relación individual entre la ciudadanía y los dispositivos de captura de información, esta capacidad de decisión olvida la dimensión colectiva de los derechos que están en juego, como la privacidad, y abre la puerta a relaciones de datos terriblemente nocivas.

¿Puede un ciudadano decidir individualmente compartir sus datos, cuando estos contienen los de otros individuos? Si una persona decide libre y soberanamente instalarse una aplicación en su móvil que captura datos, ¿dónde queda la capacidad de decisión de las personas de su agenda de contactos, cuyos datos son inmediatamente transferidos a un tercero? Gestionar la vertiente colectiva del impacto social de la tecnología escapa a la noción de soberanía.

Hay otros aspectos clave que deben formar parte de cualquier nuevo discurso tecnológico, como la atención a la no discriminación y la brecha digital, términos vinculados a la equidad, la justicia y la reparación. La sociedad de los datos pivota sobre algoritmos que clasifican y toman pequeñas y grandes decisiones sobre la información que reciben y las personas de las que la reciben. Estos algoritmos a menudo reproducen dinámicas discriminatorias (machistas, racistas), como en los casos de sistemas de reconocimiento de voz que no identifican las voces de mujeres, los algoritmos policiales que recomiendan concentrar la actividad policial en barrios negros, o el sistema de publicidad de puestos de trabajo de Google que solo muestra las ofertas mejor pagadas a los hombres. ¿Son suficientes la capacidad de decidir o el software libre para abordar estos temas?

En la decisión de prestar banda ancha a barrios desfavorecidos, por ejemplo, ¿quién tiene en cuenta el impacto de esta política en las desigualdades existentes? ¿Quién vela por no vulnerar a estas poblaciones exponiéndolas a proveedores que abusen de la información que comparten por esta nueva infraestructura? ¿Cómo valorar el impacto social y ético, y construir mejores prácticas antes del establecimiento de la relación con el ciudadano?

Hacia una gestión ética de los datos

Desde hace unos años, diferentes actores han hablado de la necesidad de dar forma a un nuevo contrato social en torno al uso de la tecnología y los datos personales. Para estas voces, el abuso de los datos para crear nuevas formas de manipulación, explotación y control (público y privado) amenaza con erosionar valores fundamentales como la confianza y la propia democracia. Sentar las bases de este nuevo acuerdo marco requiere de la movilización de tres espacios fundamentales: la administración pública, el sector privado y la ciudadanía.

En los últimos años, la academia y partes significativas de la sociedad civil han ido rescatando y subrayando cuáles son los derechos y valores que están sufriendo bajo la bota asfixiante del tecnosolucionismo. Como mencionábamos antes, conceptos clave como la equidad y la justicia, la transparencia, la privacidad, la responsabilidad, la redistribución, la reparación y el liderazgo y valor público y ciudadano emergen como elementos a custodiar en los procesos de datos.

A month in the life of Barcelona | BCN Beats

¿Cómo hacerlo? La administración pública debe ser capaz de dar forma al futuro al tiempo que aborda los desbarajustes del pasado. Las organizaciones complejas llevan décadas incorporando sistemas sin planificación ni control, construyendo adendas tecnológicas sobre procesos caducos y perdiendo la oportunidad de repensarse desde cero. Para abordar estos desbarajustes del pasado, las administraciones necesitan dotarse de arquitecturas de datos, sistemas de gobernanza de los datos y roles específicos de supervisión y custodia de las buenas prácticas. Existen muy pocas organizaciones que hoy puedan soportar una auditoría de datos, y con la entrada en vigor del nuevo reglamento europeo de protección de datos y la exigencia ciudadana de responsabilidad y transparencia, este escenario es cada día más insostenible.

Para dar forma al futuro, las administraciones deben repensar la forma en que se presupuesta, licita y adquiere tecnología. Apostar por procesos innovadores y transparentes, software libre y contratos que establezcan claramente qué usos pueden y no pueden hacerse de los datos generados es imprescindible. Evitar la discriminación algorítmica, los ciberataques y la inversión sin retorno comienza en la redacción de pliegos y cláusulas de licitación y no puede terminar hasta la ejecución final de los proyectos. La administración también puede proporcionar datos valiosos para empresas, pero cualquier data commons público debe partir de rigurosos procesos de curaduría de los datos y velar por su anonimización y gestión responsable por parte de terceros.[3]

El sector privado tiene sus propios incentivos para no querer quedarse atrás en la carrera para incorporar prácticas éticas y responsables. Sin embargo, diferentes ciudades están experimentando con maneras de promover ecosistemas más diversos e innovadores en torno a la tecnología. Por un lado están las que asumen acríticamente los discursos tecnooptimistas y creen efectivamente que los datos son el nuevo petróleo.[4] Por el otro, están las que apuestan por las tecnologías cívicas y los ecosistemas responsables, y por el estudio riguroso del impacto de las políticas tecnológicas, como Nueva York.

Por último, la ciudadanía debe tener las herramientas para afirmar y defender sus derechos tanto en línea como fuera de línea, sobre la base de marcos reguladores claros y aplicables que permitan identificar abusos y discriminaciones y activar mecanismos de reparación. Poder utilizar la tecnología de una forma responsable y esperar un comportamiento legal, sin embargo, no puede depender de la capacidad de los usuarios de entender y defenderse. Si coger un avión no requiere el conocimiento de mecánica aeronáutica, dar los datos a cualquier administración, empresa o servicio no debería requerir el conocimiento del marco legal. Esta protección pasiva es la que deben fomentar y garantizar los entes públicos.

Un plan de acción a estos tres niveles (gobernanza del back-end de la administración pública, nuevas formas de licitación y control de la adquisición de tecnología, y protección de los derechos individuales y colectivos de los ciudadanos) recoge todo lo que sabemos acerca de las potencialidades y riesgos a corto, medio y largo plazo de la sociedad de los datos, y nos permite despertar del actual andar sonámbulo hacia futuros socialmente indeseables.

La articulación de un nuevo discurso vinculado a la tecnología, por lo tanto, debe incorporar elementos de control y empoderamiento de la ciudadanía, y la llamada soberanía tecnológica puede ser una pieza más del puzzle de retos que hay que abordar. Las ciudades, las relaciones laborales, las relaciones sociales, las formas de generar confianza y proximidad, la política, la transparencia, la movilidad, los derechos y un largo etcétera de fenómenos se están viendo sacudidos por las nuevas posibilidades tecnológicas y de los datos. Dar forma a un nuevo contrato social de los datos que permita establecer y restablecer nociones de justicia y redistribución en estas nuevas realidades sociotécnicas requiere control y capacidad de decisión, sí, pero también legalidad, ética, aceptabilidad, no discriminación y una apuesta decidida por las tecnologías cívicas, capaces de incorporar de maneras específicas esta preocupación por su impacto y las dinámicas que reproducen.

Bienvenida sea, pues, la soberanía tecnológica, como un pilar más sobre el que ir construyendo y estableciendo un nuevo paradigma tecnológico ético, responsable y cívico.


[1] Ciutats amb sobirania tecnològica, Gerardo Pisarello. El Periódico, 22 de juny de 2016.

[2] Ver: Reading, Viviane (2015). Digital Sovereignty: Europe at a Crossroads, EIB Institute, o A. Cattaruzza, D. Danet, S. Taillat and A. Laudrain, «Sovereignty in cyberspace: Balkanization or democratization», 2016 International Conference on Cyber Conflict (CyCon U.S.), Washington, DC, 2016, p. 1-9.

[3] Hay diferentes metodologías para ello. Una de las más prometedoras es la desarrollada por el Center for Urban Science and Progress de la New York University.

[4] No es este el lugar para abordar este tema en profundidad, pero la comparación entre datos y petróleo no se sostiene. El petróleo estimula economías a varias escalas, porque una pequeña cantidad de petróleo es suficiente para derivar valor a pequeña escala (un transportista no necesita tener un pozo, con unos litros puede generar negocio y valor). Los datos, en cambio, articulan un mercado que tiende al monopolio, y donde la propiedad de una pequeña cantidad de datos no genera valor. El mercado de los datos es un mercado monopolístico en el que el ganador se lo queda todo y con ello genera un valor decreciente para los actores que contribuyen a este proceso de acumulación.

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El poder contra las redes. La libertad de expresión en Internet http://lab.cccb.org/es/el-poder-contra-las-redes-la-libertad-de-expresion-en-internet/ http://lab.cccb.org/es/el-poder-contra-las-redes-la-libertad-de-expresion-en-internet/#respond Wed, 19 Apr 2017 08:28:41 +0000 http://lab.cccb.org/?p=15604/ Desde hace más de dos décadas, las nuevas tecnologías se han convertido en herramientas indispensables para cualquier proceso de cambio social. Por este motivo, gobiernos de todo el mundo endurecen cada vez más las medidas para controlarlas, ya sea mediante la censura de contenidos, el cierre de plataformas o la persecución directa a los usuarios. […]

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Pájaros en sus jaulas, China

Pájaros en sus jaulas, China | DaiLuo | CC BY

Desde hace más de dos décadas, las nuevas tecnologías se han convertido en herramientas indispensables para cualquier proceso de cambio social. Por este motivo, gobiernos de todo el mundo endurecen cada vez más las medidas para controlarlas, ya sea mediante la censura de contenidos, el cierre de plataformas o la persecución directa a los usuarios. En los regímenes autoritarios, hostigan a la oposición política también en la Red; en las democracias representativas, presionan para aumentar la vigilancia bajo la amenaza del terrorismo. España presenta su propia fórmula particular, con una gestión muy polémica de la disidencia en nombre de la seguridad.

Del EZLN a Edward Snowden, el activismo que hace uso de las redes de comunicación e información ha dejado de ser un fenómeno excepcional para convertirse en moneda corriente. Algo que pone de manifiesto el control cada vez mayor que los gobiernos de todo el mundo ejercen sobre Internet y las nuevas tecnologías. Según el informe «Freedom on the Net 2016», elaborado por la organización no gubernamental Freedom House, el 67% de los usuarios de Internet vive en países en los que criticar a las autoridades puede ser motivo de censura. A partir de datos extraídos de 65 estados entre junio de 2015 y mayo de 2016, la organización alerta de que la libertad en la Red ha disminuido por sexto año consecutivo, con más gobiernos que nunca vigilando qué se dice en las redes sociales y prohibiendo aplicaciones para detener la circulación de información, especialmente durante períodos de revueltas antigubernamentales.

Matar al mensajero. La presión sobre las herramientas

Tras las protestas electorales en Irán de 2009 y las posteriores revueltas de la Primavera Árabe, analistas y medios de comunicación popularizaron la idea de «revoluciones Twitter» o «revoluciones Facebook». Apenas ocho años después, estas redes sociales han dejado de ser el núcleo de organización de la disidencia política, y periodistas y activistas de muchos países han virado hacia herramientas de mensajería instantánea, más privadas y seguras, para evitar el control gubernamental.

La presión sobre servicios de mensajería encriptados como WhatsApp y Telegram ha aumentado tanto en gobiernos autoritarios como democráticos, en estos últimos como parte de la lucha antiterrorista. De los 65 países evaluados por Freedom House, 24 han impedido en algún momento del pasado año el acceso a redes sociales y otras herramientas de comunicación, 9 más que en 2015. En momentos políticamente convulsos, 15 gobiernos han bloqueado incluso toda conexión a Internet para prevenir la diseminación de información, una práctica que llamó la atención en Egipto en 2011 pero que es cada vez más frecuente, como en las protestas en Etiopía de octubre de 2016.

Protesta contra la aprobación de la Ley Mordaza. Madrid, 2014

Protesta contra la aprobación de la Ley Mordaza. Madrid, 2014 | Adolfo Lujan | CC BY-NC-ND

Con medidas menos drásticas, las democracias occidentales siguen presionando para obligar a los fabricantes y operadoras de telecomunicaciones a entregar datos privados para luchar contra el terrorismo, como ejemplifican las peticiones de Francia y Alemania a la Comisión Europea, o el rifirrafe que mantuvo el gobierno de Estados Unidos con Apple a raíz del atentado en San Bernardino a finales de 2015.

Penas severas sobre los usuarios

Más allá de las medidas contra canales y herramientas, el informe «Freedom on the Net 2016» alerta del preocupante aumento de las detenciones de usuarios corrientes de Internet. Desde junio de 2015, 38 países han arrestado a personas por su actividad en las redes sociales, 17 más que por publicaciones en periódicos o blogs. Además, las penas a las que se enfrentan son cada vez más severas y desproporcionadas, ya que en algunos casos se juzga a personas por el mero hecho de publicar, compartir o hacer «me gusta» a un contenido en Facebook. Sirva de ejemplo el caso de Andrei Bubeyev, un ingeniero ruso condenado a dos años de prisión por compartir en la red social Vkontakte una publicación que defendía que Crimea es parte de Ucrania, algo que solo vieron doce de sus contactos.

Aunque la persecución de la disidencia en Internet no es novedad en muchos países, la severidad de las penas parece perseguir un objetivo más ejemplarizante que de seguridad, incitando a la autocensura de la población. Las materias sensibles varían según el país, pero abarcan desde la crítica política hasta la religiosa, pasando por las acusaciones de corrupción, las opiniones sobre conflictos armados o la defensa de los derechos LGTBI y de grupos étnicos minoritarios. Algunos líderes mundiales también se muestran particularmente sensibles a la sátira, como en Egipto, donde un estudiante de 22 años fue condenado a tres años de prisión por publicar una foto del presidente Abdel Fattah Al-Sisi con unas orejas de Mickey Mouse.

España: Una gestión política de la seguridad

Aunque el informe «Freedom on the Net 2016» no contiene datos ni valoraciones sobre el caso español, es fácil encontrar paralelismos con algunas de las tendencias mencionadas. El más obvio es el de la Ley de Seguridad Ciudadana o «Ley Mordaza», aprobada en marzo de 2015. La norma afecta sustancialmente a los derechos de reunión, manifestación y libertad de expresión, y contiene dos aspectos polémicos en cuanto a Internet.

Ley de Seguridad Ciudadana o Ley Mordaza | Atxe

En primer lugar, la ley penaliza la publicación sin autorización de imágenes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, y otorga más discrecionalidad a la policía para requisar móviles y cámaras. Esto limita, por ejemplo, la retransmisión en línea de protestas en directo y la posibilidad de documentar abusos de poder. En segundo lugar, persigue la convocatoria de protestas no autorizadas a través de la Red, pudiendo considerar responsable de una manifestación a la primera persona que la anunció en una red social.

Aunque no se detalla de un modo explícito, el espíritu de la Ley Mordaza parece orientado a contener los movimientos sociales propios de la sociedad red. Como han estudiado ampliamente autores como Manuel Castells o Víctor Sampedro, el activismo político de la sociedad de la información se caracteriza por intervenciones en el espacio público llevadas a cabo por grupos de personas autoconvocadas y sin estructuras estables o liderazgos formales, organizándose únicamente a través de Internet. Aspectos que, de un modo u otro, son penalizados por la Ley de Seguridad Ciudadana, que limita la ocupación del espacio público sin permiso y permite responsabilizar de una manifestación a cualquier persona que la publicite en Internet, aunque no exista un responsable formal de la misma.

Dejando a un lado la Ley Mordaza, las autoridades españolas han intensificado también la persecución de opiniones en las redes sociales. Las sucesivas fases de la llamada «Operación Araña» han detenido a más de medio centenar de personas acusadas de enaltecimiento del terrorismo y humillación de las víctimas por publicar mensajes o chistes en Internet. Las sentencias derivadas, algunas de ellas con condenas de prisión, despiertan serias dudas de proporcionalidad, así como una tensión evidente para aquellas personas que hacen uso de la Red y del humor y el sarcasmo para contrariar a las autoridades.

Así pues, España no es la excepción en un panorama internacional con tensiones crecientes en el uso político de Internet, tanto en regímenes autoritarios como en democracias representativas. Y aunque las violaciones de la libertad de expresión son flagrantes en algunos estados, no parece que exista una fórmula sencilla que permita analizar todas las situaciones por igual. En este sentido es especialmente útil la contribución de «Freedom of Connection, Freedom of Expression», un documento de la UNESCO que propone una «ecología de la libertad de expresión en Internet». Una metodología que, además de la ley, tenga en cuenta a todos los factores e intereses implicados: desde el derecho a la información hasta el discurso de odio y el acoso en línea, pasando por la neutralidad de la Red, la ciberseguridad, las leyes sobre privacidad, etc. Un universo complejo de correspondencias que varía en cada país y que recuerda que la hostilidad entre gobernantes y ciudadanos no solo depende de los límites legales, sino también de quién ostenta el poder y quién es vulnerable, así como de los consensos de opinión dominantes en cada sociedad.

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Vaporwave: El hilo musical de los futuros perdidos http://lab.cccb.org/es/vaporwave-el-hilo-musical-de-los-futuros-perdidos/ http://lab.cccb.org/es/vaporwave-el-hilo-musical-de-los-futuros-perdidos/#respond Tue, 04 Apr 2017 07:40:05 +0000 http://lab.cccb.org/?p=15553/ Nacido en 2011, el Vaporwave mezcla diversos géneros electrónicos con sonoridades de origen publicitario y corporativo de los años 80 y 90. A pesar de que existe mucha diversidad y ambigüedad en su actitud y mensaje, este puede ser considerado una crítica y parodia a la sociedad de consumo, mientras estéticamente exhibe una curiosa y nostálgica fascinación por […]

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Estudio de grabación en el Salford College of Technology, Manchester 1984

Estudio de grabación en el Salford College of Technology, Manchester 1984 | University of Salford | CC BY-NC-ND

Nacido en 2011, el Vaporwave mezcla diversos géneros electrónicos con sonoridades de origen publicitario y corporativo de los años 80 y 90. A pesar de que existe mucha diversidad y ambigüedad en su actitud y mensaje, este puede ser considerado una crítica y parodia a la sociedad de consumo, mientras estéticamente exhibe una curiosa y nostálgica fascinación por sus artefactos. Poco después de presentarse como el último microgénero musical surgido en Internet, el Vaporwave fue dado por muerto, y su breve trayectoria siempre ha ido vinculada a la diversidad de opiniones y juicios: ¿se convirtió en un meme musical? ¿Murió de verdad? ¿Qué fue o qué es exactamente el Vaporwave y qué tuvo o tiene que ver con la crítica al sistema capitalista?

La historia del Vaporwave discurre en paralelo a la controversia que rodea el nacimiento, la muerte y la resurrección de este género musical y al debate sobre su ambigüedad ideológica respecto al modelo de progreso tecnocapitalista. El imaginario sonoro y visual del Vaporwave convoca la imagen ultracolorista de un mundo hipertecnificado y kitsch, repleto de pantallas LCD y todo tipo de gadgets digitales. La psicodélica y aparentemente arbitraria iconografía del Vaporwave también contiene imágenes de esculturas clásicas, palmeras, títulos escritos en caracteres japoneses y referencias gráficas a sistemas informáticos y videojuegos de hace un par de décadas. Todos estos elementos confieren a la música un carácter extraño e inquietante y la ubican en un espacio estético e histórico indefinido.

Alojado exclusivamente en Internet, el universo Vaporwave remite con irónica benevolencia a una época en que los avances en el campo de las tecnologías de consumo y las comunicaciones prometían un futuro radiante y lleno de posibilidades. Antes de la aparición de las redes sociales y los teléfonos inteligentes, antes de que perdiéramos la inocencia sobre las bondades y las potencialidades de la hiperconectividad y las inteligencias algorítmicas, Internet se asemejaba a una ventana abierta a un próspero edén cibernético, democrático y humanista. Para los usuarios de aquella época lo más parecido a un temor milenarista relacionado con la red era el morbo jocoso que rodeaba la llegada del «efecto 2000». Son estos años de vértigo finisecular y de emoción ingenua frente al inminente cambio de milenio los que el Vaporwave conjura casi un cuarto de siglo después.

Pero, ¿de dónde sale el Vaporwave? La etiqueta surgió en 2011 para identificar un microgénero musical que empezaba a circular por Internet. James Ferraro (alias Bebetune$), Chuck Person (alias Daniel Lopatin / Oneohtrix Point Never) o Macintosh Plus (alias Ramona Andra Xavier / Vektroid / New Dreams Ltd / PrismCorp Virtual Enterprises) fueron algunos de los iniciadores de este género que en la actualidad ha dejado de ser «micro» y cuenta con multitud de proyectos, subcategorías y sellos especializados. La alusión a una visión anticuada e inocente del futuro se adivina en el propio nombre del género, una variación de la palabra vaporware. Así es como se denominan los productos tecnológicos que, después de haber sido anunciados por su fabricante a través de fotografías o infografías, no alcanzan la fase de producción y comercialización. El producto vaporware es una promesa tecnológica sin cumplir, una obsoleta ensoñación futurista anclada para siempre en el pasado.

Oneohtrix Point Never - Problem Areas

Antecedido por otros fenómenos musicales como el Hypnagogic pop, el Witch house o el Seapunk e influenciado en ciertos aspectos por estos, el Vaporwave acostumbra a incorporar fragmentos de música comercial y publicitaria de los años ochenta y noventa y a reproducirlos a la mitad de su velocidad original. Estos loops ralentizados son la base sobre la que se añaden ritmos, líneas de sintetizador y otros elementos como jingles corporativos o sonidos de diversos sistemas operativos y software. El smooth jazz, el soft rock, el new age, el muzak o cualquier otra cosa susceptible de sonar en un ascensor, una sala de espera o una centralita telefónica son algunas de las fuentes en las que los artistas del género se abastecen para crear sus composiciones plunderfónicas. El Vaporwave es la música por antonomasia del no-lugar, la melodía de espera del call-center de una imaginaria ciudad de vacaciones (retro)futurista situada en algún punto inexacto del planeta. La pregunta que el Vaporwave parece lanzarnos provocativamente es: ¿nos gustaría o no nos gustaría llamar a ese call-center para hacer una reserva? ¿Hasta qué punto nos seduce o nos horroriza el mundo que nos presenta?

En su artículo Vaporwave and the pop-art of the virtual plaza, uno de los primeros dedicados al género, Adam Harper se preguntaba si el Vaporwave tiene más de utópico o de distópico y si representa una crítica al capitalismo o más bien una capitulación frente al mismo. Para Harper, esta ambigüedad se aloja en el núcleo mismo del Vaporwave y es lo que hace de este un fenómeno interesante y digno de análisis. Harper sugiere, sin embargo, que el Vaporwave bien podría entenderse como la banda sonora del aceleracionismo, la corriente de pensamiento inaugurada por Nick Land y en el marco de la cual Alex Williams y Nick Srnicek proponen el Manifiesto por una política aceleracionista.

La insatisfacción con el presente, la añoranza de «otros futuros posibles» perdidos en el tiempo y el anhelo de una «modernidad alternativa» no muy distinta de la propuesta por cierta ciencia ficción son algunas de las cuestiones que Williams y Srnicek describen en su manifiesto y que, efectivamente, también parecen servir de inspiración para algunos artistas Vaporwave. Citado por el crítico Simon Reynolds en Retromanía. La adicción de la cultura pop a su propio pasado, Daniel Lopatin (Chuck Person), explica que sus Eccojams, composiciones creadas a partir de música de los ochenta ralentizada, son el resultado de su experimentación con modos de escucha alternativos a los que vienen impuestos por la «jodida sociedad actual». Lopatin defiende «la seducción del loop, su promesa meditativa y su capacidad para sugerir la misma idea de infinitud». Más provocativo y cercano a las tesis aceleracionistas, James Ferraro describe el universo sonoro de su disco Far Side Virtual (el mejor álbum del año 2011 según la revista Wire) y de su proyecto 100% (presentado en el MoMA PS1 en 2014) como un ejercicio de «estetización del capitalismo» y reconoce «su obsesión por capturar una ambigüedad sonora genérica y panglobal».

Oneohtrix Point Never - Nobody Here

En Ghosts of My Life. Writings on Depression, Hauntology and Lost Futures, el crítico Mark Fisher, fallecido a principios de este año, analiza la relación entre la «lenta cancelación del futuro» (expresión que el autor toma prestada de Franco «Bifo» Berardi) y la incapacidad de la cultura para articular una idea del presente. En el ámbito de la música, por ejemplo, lo futurista ya no sugiere un futuro del que quepa esperar nada nuevo, señala Fisher. Cualquier intento de representar el futuro parece condenado, de esta manera, a convertirse en una mera especulación retrofuturista. Retomando las palabras de Frederic Jameson, Fisher advierte que la cultura contemporánea se encuentra en un «modo nostálgico» que la retiene en un «estado de fijación formal respecto a las técnicas y las fórmulas del pasado».

En este contexto, Fisher propone recuperar el neologismo hauntología (hantologie), propuesto por Jacques Derrida en su libro Espectros de Marx, para describir cierto tipo de música electrónica aparecida a mediados de la pasada década. Derrida describe la hauntología como el modo en que todo aquello que existe lo hace sobre la base de una serie de ausencias que lo preceden y lo envuelven, a la vez que le otorgan consistencia e inteligibilidad. En la música hauntológica se constata «que las esperanzas creadas por la música electrónica de posguerra y por la euforia de la música de baile de los noventa se han evaporado junto a la idea de futuro». Sin embargo, «esta música tampoco renuncia al deseo de ese futuro». La música hauntológica oscilaría, así, entre la nostalgia y la aspiración de un futuro perdido, proyectándose simultáneamente hacia delante y atrás en el tiempo. Aunque Fisher no menciona el Vaporwave (el género todavía no había aparecido como tal), la descripción que propone de una música hauntológica parece encajar con la particular estética (retro)futurisa del género y su ambiguo posicionamiento histórico.

En su libro Babbling Corpse. Vaporwave and the Commodification of Ghosts, Grafton Tanner describe el Vaporwave como una reacción al actual proceso de regresión cultural y como una subversiva elegía electrónica a la «tecnodecadencia del capitalismo tardío». Tanner, sin embargo, es consciente de que cualquier intento de definición del Vaporwave resulta difícil y peligroso. Expuesto a las dinámicas «troleadoras» de Internet y a la implacable semioeconomía del meme, el Vaporwave es una manifestación volátil que no solo opone resistencia a su interpretación, sino que puede transformarse a causa de ella. Incluso morir. En 2012, coincidiendo con la publicación del artículo de Adam Harper y de la vídeocrítica del disco Floral Shoppe de Macintosh Plus que Anthony Fantano subió a su canal de YouTube, fueron muchos los que consideraron que la exposición del Vaporwave fuera de los reducidos círculos a los que pertenecía había acabado con el género.

La imagen de portada de Floral Shoppe y su segunda canción, titulada «リサフランク420 / 現代のコンピュー» (lo más parecido a un himno Vaporwave), protagonizaron una avalancha de memes y vídeos en los que se bromeaba sobre el hermetismo de su estética y su significado. Irónicamente, estos memes fueron, probablemente, los que dieron a conocer el Vaporwave entre muchos neófitos que, poco a poco, empezaron a interesarse por el género y a tomárselo en serio. A lo largo de los últimos años, la defunción del Vaporwave se ha seguido anunciando con cierta regularidad por distintos motivos. Pero, a pesar de ello y de la existencia de cosas como un sello íntegramente dedicado a parodiarlo o digresiones tan estrafalarias como el simpsonwave, el Vaporwave sigue incrementando su número de seguidores y generando discusión (sirva como ejemplo el activo foro sobre el género en Reddit). Como sugiere Scott Beauchamp en su artículo Vaporwave is dead. Long live Vaporwave, tal vez el Vaporwave se ha dado por muerto porque no se corresponde con el tipo de producto o mercancía musical habitual. El Vaporwave siempre ha circulado fuera de los márgenes del negocio musical y sus circuitos establecidos, así que, de algún modo, siempre ha sido una especie de fantasmagoría; una hautología musical atrapada entre el pasado y el futuro y salvaguardada de las modas y de la lógica de mercado en los recónditos no-lugares de Internet.

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Pregonero anunciando las últimas noticias en la isla de Terschelling. Países Bajos, 1938

Pregonero anunciando las últimas noticias en la isla de Terschelling. Países Bajos, 1938 | Nationaal Archief | Sin restricciones conocidas de derechos de autor

Según un estudio, el 85% de usuarios de redes sociales entre 16 y 55 años en España siguen perfiles de personas que marcan de tendencias y lideran opiniones, lo que se identifica con el término anglosajón influencers. El término nace en el seno del afán del marketing, pero la caricatura nos permite reflexionar sobre un fenómeno más amplio. Aquí os damos siete claves para entender por qué este fenómeno ha revolucionado a grandes sectores publicitarios como la moda y la belleza.

Ahora que estamos en riesgo de infoxicación, parece que la cultura está más accesible que nunca. La revolución digital nos lo acerca prácticamente todo a unos clics. También la cultura. Pero ya no es solo el acceso lo que se reinventa, sino también quién hace qué: creadores y consumidores se confunden. Se difuminan roles antiguos y se crean figuras nuevas, como los influencers. El marketing de influencia es la versión disruptiva de la prescripción, propia del medio digital, que plantea normas propias y dinámicas diferenciales. En este mundo de generación del conocimiento en todas direcciones, con la creación distribuida se abren nuevas puertas y nuevos retos para la cultura y la difusión del conocimiento.

Son líderes de opinión

Imaginemos por un momento que toda la información que circula en la red fuera un enorme y denso entramado de autopistas en todas direcciones, de diferentes tamaños y velocidades. Los millones de fotos y de ideas que se emiten cada segundo hacen imposible que podamos separar lo interesante de lo que no lo es. Así, un marcador de tendencias para los usuarios es una especie de faro que da luz en la inmensidad informativa de la red. Por otra parte, para las marcas, entidades u organizaciones, son más bien semáforos que actúan como reclamo para redirigir el tráfico hacia sus páginas web.

Rompen la verticalidad y la jerarquía tradicional

Es un modelo de comunicación en dos direcciones, mucho más afín a la organización de las sociedades hacia las que avanzamos. Ya no se trata de la comunicación directa, en una dirección y sin retorno, sino que genera un diálogo entre usuarios, ciudadanos, consumidores, lectores o expertos. A menudo lo hacen a través de los propios prescriptores o de la comunidad que crean a su alrededor. Se abandona la idea del consumidor como agente pasivo en el proceso de prescripción y se le da la opción de formar parte a través de los contenidos, los comentarios, los «me gustan» y los botones de compartir y retuitear.

Crean contenidos basados en la emoción

Bajo un aura de espontaneidad y naturaleza, se encapsula toda una ingeniería para ofrecer un mensaje apoyado en un tono cercano y simple, a menudo en clave de historia contada en primera persona. En la era de la posverdad los hechos ya no interesan, la atención persigue las emociones y los valores. Tenemos sed de experiencias, más que de la información por sí misma. Especialmente la audiencia millennial orientada a experimentar vivencias únicas y diferentes. Buscan(buscamos) llegar a explorar emocional o sensorialmente algo que realmente nos sacuda la indiferencia.

El canal del booktuber Javier Ruescas tiene más de 185.000 seguidores

Utilizan la empatía para conectar

Un elemento revolucionario es lograr que personas desconocidas conecten entre ellas y les hablen de tú a tú. La empatía es el catalizador y la intimidad abierta de las redes ofrece esta sensación de conversación o intercambio «entre iguales». La opinión de los demás nos importa más que lo que la propia marca nos pueda decir y explicar del producto. De hecho, el 92% de usuarios de redes sociales confían más en el contenido producido por otras personas que en la publicidad tradicional.

El entorno digital nos permite generar y compartir la experiencia individual y convertirla en colectiva. Todos nos guiamos por la opinión de los demás en la red, porque, ante la falta de información, buscamos opiniones y foros de personas que hayan utilizado ese servicio o hayan comprado el producto.

Esto está ligado a la confianza y la credibilidad, que son indispensables para que alguien se plantee la opción de destinar un tiempo a leer aquel contenido, a consumir ese producto o a destinar una cantidad de dinero por pequeña que sea. Es aquel pequeño empujón para acabar de decidir si aquello vale o no la pena.

La conexión con estos perfiles influyentes también está condicionada por las características que poseen estas personas: cuanto más similares sean los usuarios (en términos de género, edad, gustos y también valores), más fuerte será la capacidad empática y de identificación.

Influyen sin invadir

Se trata de un tipo de sugestión más persuasiva que invasiva. A menudo va de la mano el contenido nativo (native advertising), que queda integrado de forma más orgánica y sin interrumpir la experiencia del usuario de lo que está viendo o sintiendo. Según un estudio de MDG, un 70% de los usuarios prefieren conocer nuevas ideas, productos o eventos a través de los propios contenidos. También se ahorran los bloqueadores de anuncios, ya que la gracia es que no se percibe como un contenido diferenciado, patrocinado y comercial. El antagonismo más claro es el bloque de anuncios de la televisión, que literalmente corta la emisión de lo que los espectadores están viendo.

Son gurús de comunidades virtuales

La capacidad de los influencers, sin embargo, no reside en ellos o ellas mismas, sino que su alcance depende en buena parte de la comunidad que puedan crear a su alrededor. Por un lado, hay lo que se conoce como los efectos de la red, es decir, la idea de que cuantos más usuarios tenga mayor valor aportarán. Si bien es cierto que hay una vertiente cuantitativa, la cualitativa es la que marca la diferencia. Si un influencer forma parte de una red en la que hay otros influencers, las probabilidades de que el mensaje se difunda exponencialmente o incluso de manera viral serán más altas. En este sentido, es fundamental también que la comunidad de seguidores, usuarios o potenciales participe, especialmente compartiendo y haciendo circular ese contenido. Si se emite un mensaje pero no genera reacciones, es una comunicación probablemente estéril.

Todo el mundo puede ser embajador

Un cambio absolutamente radical, de acuerdo con Kosha Gada, es la democratización del Olimpo de las celebridades. Si en el marketing tradicional se apuesta por famosos y caras conocidas del mundo de los deportes o los medios de comunicación, hoy no hay que ser una celebridad para convertirse en influencer. Esto abre las puertas a que cualquiera pueda ser embajador de una idea, marca o movimiento, cuando las organizaciones detectan que alguien es un dinamizador de la información de la red y que tiene una determinada masa crítica.

Y sin ser exactamente un oficio, ser influencer puede convertirse en una forma de vida remunerada. Las retribuciones dependen en muy buena medida del tamaño de la audiencia (medible a partir del número de seguidores, el volumen de visitas conseguidas, etc.) y especialmente de la capacidad de generar «ruido».

Están empezando a aparecer plataformas que pueden hacer de agencias de influencers, es decir, intermediarios de los intermediarios. A modo de curiosidad, podéis calcular cuánto vale un tuit vuestro, teniendo en cuenta vuestro perfil y otros datos públicos sobre las características de vuestros seguidores.

El tsunami influencer es un fenómeno a tener en cuenta porque ha llegado para quedarse y está en aumento. Genera un movimiento y una circulación de información que aprovechan el efecto red (por cada usuario nuevo, aumenta exponencialmente el valor añadido). Es mucho más sencillo llegar al público objetivo porque los influencers son una forma indirecta pero infalible de segmentar la audiencia por género, edad, gustos, valores y preferencias. En el fondo, no deja de ser una forma de generar estrategias para incentivar el consumo más y mejor, que probablemente está al alcance de marcas notorias y de presupuestos engrosados. Es preciso que sectores menos boyantes como el de las instituciones culturales se hagan eco de lo que aporta y puedan aplicarlo.

Podemos empezar por preguntarnos: ¿por qué no avanzamos hacia una cultura que hable más desde la experiencia y menos desde los hechos? ¿Por qué no nos lanzamos a formatos más participativos, en red y digitales? ¿Por qué no convertimos los museos en espacios donde vivir experiencias que nos conmuevan, nos transformen y que al salir nos hagan tener ganas de decir a todos nuestros contactos que vayan? Y ya puestos, ¿por qué no aprovechamos para asegurar que los acontecimientos, los hechos y las expresiones culturales de todos tipos y épocas cuentan con puentes en todas las direcciones posibles?

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